domingo, 13 de diciembre de 2009

NACIONALISMO Y CATOLICIDAD

Estos días se habla profusamente del voto afirmativo del PNV a la pretensión progre de legalizar el homicidio. No sé, desde luego, cómo, toda la gente que sabemos de la simpatía y apoyo a los separatistas asesinos, nos sorprendemos de esto. Yo pensaba que apoyaban a los etarras por su separatismo, pero resulta que no, que lo que más les gusta a los colectivistas es otra cosa. Así que no es casual que participaran aliados con el Frente Popular (la URSS) en la Guerra Civil y que poseyeran checas —todos sabemos para que servían las checas. Cierto es que cuando le vieron las orejas al lobo traicionaron al Frente Popular. 

Una de las cosas que más revientan es que se ponga de manifiesto siempre, al hablar del PNV, su tradición católica, confesional… Bien, vale, de acuerdo, mera palabrería. Creo que ha llegado el momento de los argumentos sencillos, sin complicaciones, de dejar de embrollar las cosas y emitir preguntas personales a cuestiones colectivas o viceversa: nacionalismo es, por definición, lo contrario de catolicismo. Catolicismo significa universal y proviene del griego. En su sentido literal significa “el que se queda con todo”. Si de ese todo sólo elegimos una parte nos empobrecemos y, de esa elección empobrecedora, proviene la herejía. Hereje, también proviene del griego y significa, literalmente, el que elige.

No existe, sin duda, una Iglesia española o francesa, y menos una iglesia vasca, riojana, bilbaína, irunesa o del duranguesado. Lo propio del nacionalismo es el victimismo al mismo tiempo que el ejercicio de un atroz complejo de superioridad que, comúnmente, se llama racismo. Un nacionalista siempre pensará que la basura de su casa es infinitamente mejor —mucho más nutritiva y sabrosa—  que la confitura del vecino. Catolicismo y nacionalismo son incompatibles, vuelvo a repetir y cuando, entre uno y otro puede surgir cierto conflicto, el nacionalista, siempre es nacionalista y en absoluto católico. Véase lo que ocurre cuando surge la contradicción más cruda y evidente. En ese momento podemos ver cuál es el verdadero rostro del nacionalista. Es más, cualquier nacionalismo funciona siempre de la misma forma, ahí está Durán y Lérida.

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