lunes, 8 de marzo de 2010

ABORTO. IMPRESIONES.


Por supuesto que me alegra el rotundo éxito de las manifestaciones a favor de la vida, aunque, como todo el mundo sabe, lo más tremendo es que haya que salir en su defensa. Ciertamente a los stalinazis también les parecía absurdo que la gente estuviera contra Dachau, Mathaussen, Babi Yar, el Gulag… Era realmente absurdo, ¿no estaban acaso defendiendo a la gran masa proletaria, a la gran masa aria, el futuro inevitable de la humanidad? Estaban absolutamente convencidos de que era bueno matar gente, era una manera como otra cualquiera de extender los derechos de esas grandes masas elegidas. Había, pues, consenso, al menos en algunos ámbitos, aunque luego se demostró que medio mundo no estaba dispuesto a ir al matadero. Pero es que al menos podían luchar, podían, en algunos casos muy precariamente, defenderse. Ahora no, ahora ni siquiera se les oye quejarse, ni siquiera se oyen los horrorosos quejidos de las madres que los abortaron porque también les han metido un trapo en la boca.

"La ciencia está de nuestra parte", decía ayer una hojita parroquial. Desde luego, ¿cómo no va a estar al lado de lo humano y a su favor un instrumento humano como es la ciencia? Si no lo estuviera no podría calificársele de ciencia, sino de otra cosa. Desde luego, por más que se empeñen algunos, lo de Menguele no era ciencia.

Lo más alarmante de todo es que, con la juerga de los integrantes de la famosa foto de Caamaño rodeado de feministas aborteras y los numerosos componentes de otras imágenes sangrantes, todo se haya preparado para el feliz chapoteo hemático. En primer lugar el aborto en sí mismo, en segundo lugar la rebaja de la edad en este deporte ―aledaño al botellón y al bacalao―, como es lo del matachín de fin de semana en alguna de esas rutas y, en tercer lugar, la previa preparación pública, en las escuelas, para que todo eso sea posible. El grado de premeditación determina el nivel de horror del crimen. Todo está mucho más y mejor preparado que los genocidios del siglo XX.

"Hoteles subvencionados con habitaciones a dos euros y los abortorios no podrán estar, en las carreteras, a menos de doscientos metros". Esta debe de ser la nueva ley que está preparando Zapatero. Lo de los doscientos metros debe de ser para evitarle la competencia a los amiguetes

Sé que las sociedades que abandonan a los más débiles están condenadas a desaparecer, pero las manifestaciones pro vida son un síntoma de que hay resistencia a la muerte, al horror, de que siempre hay esperanza, hasta en los peores momentos de la historia humana.

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