martes, 16 de marzo de 2010

AQUELLA IZQUIERDA. ESTA IZQUIERDA II.


Siempre se ha dicho, y nos lo tienen bien machacado, que, la cultura, es de izquierdas. Cualquiera que fuera perorando por las televisiones, y muchas radios, tenía la obligación de ser de izquierdas. Sólo si lo era se le daba el título de intelectual. Ese "intelectual" solía ser un licenciado en cualquier cosa que iba exhibiendo su título como permiso para opinar y sentar cátedra sobre infinidad de asuntos sobre los que no tenía ni la menor idea.

La derecha les escuchaba como quien oye llover, al fin y al cabo sólo eran una serie de consignas que no tenían más valor ni más base real que el efecto que producía la mera repetición. Lo cierto es que la derecha es la que compra y lee libros y la que sabe y tiene cultura. Lo malo es que la derecha ha renunciado a educar a una sociedad que sólo atiende ya a la propaganda. "Tontos los tendréis siempre con vosotros…" ¡Pues, bueno! En otras palabras, casi todos los medios de comunicación son de izquierdas.

La derecha (ese resto que son todos los demás, todos los no colectivistas) sabe que los primeros que caen en las redes del diablo son los sabihondos, los sofistas que, como decía Sócrates, eran quienes poseían una sabiduría meramente aparente; espíritus fuertes que, a la postre, son los mejores colaboradores de la iniquidad. La derecha utiliza aquel saber de los Santos Padres que recomienda que, a los demonios, no hay que prestarles demasiada atención ni darles crédito.

Se dice también, y se repite del mismo modo, que, España, es de izquierdas y, en realidad, no es ni de izquierdas ni de derechas, es simplemente de televisión.

Franco decía que, cuando él desapareciera, no iba a ser posible una nueva guerra civil porque, él, había propiciado la aparición de la clase media. Probablemente tenía razón; aunque no sé si será por eso que, la izquierda, se ha empeñado, y se está empeñando con empecinado arrojo, en degradar esas clases medias. La izquierda quiere, por antifranquismo y todas sus demás lacras ideológicas, degradar a la clase media hasta el grado más atroz de proletarización y ahondar hasta extremos risibles en un tremendo error de civilización. El objetivo es la anulación, de raíz, de cualquier sentido común y que, el ciudadano, pisotee voluntariamente, en la mayor de las suciedades, cualquier honorabilidad personal. Eso se consigue a través de la televisión y de la educación.

Las televisiones, las que hasta ahora eran analógicas, cuya putrefacción se destila en programas tipo "La Noria, Sálvame, Gran Hermano, informativos mentirosos, físicas y químicas y demás series idiotas, debates amañados…", están consiguiendo una especie de sumisión moral que sólo se había conseguido, en otras épocas y latitudes, mediante el miedo y el ejercicio de todo tipo de atrocidades y terrores.

Y mediante la enseñanza, también. La izquierda aspira a enseñar a los niños, y con apariencia académica --a base de libros de texto, fichitas y ordenadores--, los mismos espeluznos que, en horario no escolar, machaca con la tele el resto del día. La educación busca --buscaba--, precisamente, el librarnos de esas y otras muchas vulgaridades. A mí me da la impresión de que, como decía Jardiel, hay que ir eligiendo entre la vulgaridad y la soledad. Se está literalmente en una carrera atroz por la consecución del derecho (en el idioma de la izquierda; en realidad quiere decir "obligación") a ser idiota, inmoral, vulgar, analfabeto, soez…

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