viernes, 5 de marzo de 2010

DE TRACA.

Unos cuantos han proclamado una Cataluña independiente, propalestina y desafían al ejército. Esa es la noticia. Algunos de ellos afirman que, España, ya no tiene ni Francos ni Tejeros, por lo que están seguros de poder "robarle la cartera a España". Estos stalinazis ven enemigos por todas partes, que es la forma de proceder de la España más negra y, en el peor de los sentidos, más tradicional. Lo curioso es que se alimentan de sí mismos, porque, si en España ya no hay ni Francos ni Tejeros, ¿contra quién luchan? Lo más curioso es que una España desfondada asiste con estupefacción, un poco de cabreo y mucha sorna a la pantomima de estos seres. Temen, quizá, que les coja la paparrasolla y, por eso, se alimentan de hierba venenosa como el catoblepas. Así, de esa manera, si la paparrasolla se los come, morirá envenenada. Borges cuenta que, este mítico animal, una vez, mientras pastaba sus hierbas venenosas, inadvertidamente, se comió sus propios pies. Eso es lo que les pasa, se alimentan de su propio veneno, del veneno que destilan. Decía A. Glucksman que "… la única verdad a la que consienten los monstruos es la del discurso que tejen".

Siempre, sin duda, hay algún progre que sirve de aliño a estas ensaladas, cuando no las promueve y cocina, ya que, el progre, al igual que el nacionalista ―colectivistas ambos― se ha maleducado con apasionamiento, vehemencia y de un modo sistemático. Ni unos ni otros se enteran de que una frontera es buena porque es, no existe porque sea buena.

En segundo lugar son propalestinos, es decir, que son discípulos de Mahomarx. A las casas del pueblo, sin saber bien cómo, les han crecido minaretes; el cava se ha alargado y nacionalistizado aún más, ahora se le llama kaaba. Mientras cantan Els Segadors, sin afilar la hoz ni pulir el martillo, adoran la momia de Lenin tanto como la de Bin Laden en las montañas de Afganistán. Seguidamente recitan los Hadditt del profeta insertos entre los párrafos de El Capital. En fin, estos atontados, se creen que el quid del antisemitismo son los judíos; no se les ocurre, ni por lo más remoto, que la clave del antisemitismo es el antisemita.

Todas las majaderías, parodias, futilidades mentales, crueldades y perversidades acaban juntándose para producir, en ocasiones, atrocidades incalculables y, en otras, bobadas universales. En cualquier caso pienso que nunca conviene tentar al diablo. Algunos dirigentes serán responsables ante la historia por haber llevado a toda una sociedad a la mayor bagatela mental y vital que narrarse sea posible en siglos venideros. Probablemente sea ese el espejo en que quieren y pueden mirarse. Está claro que, Dios, suele volver locos a los que quiere perder. Ya no vivimos en una sociedad sana. La progresía y sus adláteres ha introducido, de rondón y ya desde hace tiempo, la prerrogativa o privilegio efectivo de la inhumanidad, el disparate y la burricie. Lo peor es que muchos han renunciado al combate y, con ello, también, al igual que los sujetos agentes, a ser personas; prefieren ser falsos diosecillos o simples animalejos.

Algunos, con pronunciar la palabra democracia, lo tienen todo hecho. Quizá tengan razón porque semejante taumaturgia funciona de lo lindo. La puesta en práctica de lo que el vulgo entiende por democracia, que no va más allá de echar una papeleta en una caja con ranura ―de niños era la perra gorda en el cerdito, en esencia es lo mismo y significa lo mismo para una gran parte―, no garantiza que ese pueblo soberano, soberanamente inconsciente, pueda "democráticamente" instalar en el poder a dementes, idiotas, jeques, caudillos, sultancitos, comandantes, gorilas, mentecatos, soplagaitas, innovadores imaginativos de la estulticia y el delito…

Ese tipo de Calahorra que se llamaba Quintiliano solía decir que sólo sirven las reglas cuando guían por el camino derecho. Hoy, la verdad, en esta España de Zapatero, no sabemos si es que las reglas no sirven porque no nos llevan por el camino derecho o es que ya no existen las reglas sino solamente sus excepciones. Ya no hay ninguna lógica en casi nada, sólo suele aparecer en la vida privada de la gente menos importante y también de la menos culta o que menos cosas sabe que no son así.

Se es idiota por afición, porque ser un pasmado trae cuenta, porque el desequilibrio y la flojera están de moda, porque, en definitiva, el desenfreno y la incontinencia más asnal y ordinaria se han convertido en algo grande. Chesterton intentaba aclarar este estado de confusión que, en su tiempo, también existía en cierto grado. Decía muy gráficamente: "Que un hombre sea bípedo no quiere decir que cincuenta hombres sean un ciempiés". ¿Pues anda que, hoy, no hay ciempiés por ahí! Y encima en grupitos que se cogen de la manita.

Por más que mucha gente se esfuerce hay que tener la clara conciencia de que, como decía Edith Stein, "ya no me importa el tener razón… Había aprendido que, a los hombres, sólo muy raramente se les mejora por el hecho de decirles las cuatro verdades".

En la orilla del Tiberiades se hallaban sentados dos amigos, el uno creyente y el otro ateo. De repente vieron venir, caminando sobre las aguas, a Jesucristo. El creyente se arrodilló y se puso a alabarle, pero el ateo, alarmado, le dijo: ¿Qué haces? ¿Tú estás loco? ¿Cómo va a ser Dios un tío que no sabe ni nadar?

Pues eso

 

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