jueves, 25 de marzo de 2010

DERECHA III.


En primer lugar debo pedir perdón por el aturullamiento que se evidencia en las dos entradas anteriores. El barullo ha sido producido por una prisa en decir lo que no debía olvidárseme. Demasiadas cosas, quizá. Algunos extremos no quedan muy claros y, otros, se han quedado a medio esbozar. Motivos, quizá, para nuevas entradas menos generales, más concretas.

Bien, pues pedidas estas disculpas, sigamos adelante. Hablaba del modo en que la propaganda de los últimos años ha falseado las cosas en España. Da toda la impresión de que aquí no hay más demócratas que el PSOE y los que ellos digan que lo son. La derecha asiente, asume y bala cual oveja que sabe que si no irá al matadero. La verdad, sin embargo, es muy diferente.

Fue el franquismo, y no el antifranquismo, quien trajo la democracia. Fueron los políticos del franquismo los que tramaron la Transición empezando por el Rey, designado por Franco; el Secretario del Movimiento (partido de Franco) Adolfo Suárez y el Presidente de las Cortes Torcuato Fernández Miranda. En ello estuvieron la mayor parte de los ministros de Franco y la mayor parte de los diputados (procuradores) de la Cortes franquistas. El PSOE, desaparecido en 1939 por cobardía, no porque fuera aniquilado, cosa que ahora quieren colar, no hizo ninguna oposición al franquismo. La única oposición fue la del Partido Comunista, aunque era infinitamente mayor la inteligencia del régimen, permitiendo según qué cosas, que cualquier efecto producido por dicha oposición. Una vez muerto Franco, el PSOE, virtualmente, se refunda y, aparte de cuatro viejos históricos que pretendían el sovietismo sin tapujos (viajes a la URSS casi triunfantes) y una vuelta al estado de cosas de los años treinta, se nutre de los elementos más arrastrados, lameculos y tiralevitas del franquismo. Lo que ahora ocurre en España es el sempiterno odio a los padres de los niños más inmaduros, malcriados e inadaptados y, sobre todo, cobardes: se han hecho antifranquistas con Franco muerto, ni siquiera un segundo antes de que expirara. El ejemplo más claro de su cobardía es que sólo luchan contra las dictaduras del pasado, pero se alían con las del presente por si las moscas; unos valientes, como siempre.

En fin, todos estos esfuerzos hechos por la clase política franquista para llegar a un sistema parlamentario, de libertades individuales y homologable con las otras sociedades europeas y americanas, no hubiera sido posible sin el concurso fundamental de la Iglesia Católica.

La Iglesia, casi totalmente exterminada en la zona del Frente Popular (liderado por PSOE y PCE) en una de las mayores persecuciones religiosas de la historia (deja en mantillas a Nerón, Diocleciano, etc.) tomó, lógicamente, partido por la España que no quería ser exterminada. Estoy orgulloso de la Iglesia española en aquella tesitura y firmaría la carta de los obispos de 1937 sin pensármelo dos veces. Por supuesto mi máximo reconocimiento a todos aquellos católicos que murieron a causa del descomunal odium fidei expresado por el PSOE, el PCE, los azañistas y los demás partidos del Frente Popular, nacionalistas vascos y catalanes incluidos. Mi máxima veneración a aquellos mártires.

Desde el inicio de la dictadura, la Iglesia, comienza un proceso de adaptación a la dictadura así como de reconciliación entre los españoles. Es la Iglesia la que retoma el sindicalismo, el único sindicalismo realmente a favor del obrero y el campesino que ha existido en España desde tiempos remotos y que, durante el franquismo, fue la única oposición verdadera a éste. Comienza, la Iglesia, un proceso de adaptación del mismo franquismo, desde la base, de una ciudadanía en más de un noventa y cinco por ciento católica. Los derechos de los ciudadanos se expresaban desde las sacristías, el alimento eran las pastorales de los obispos (recordar la pastoral sobre "El pan" tan temprana); la información, los periódicos que se vendían en las sacristías. El régimen, confesional, permitía y al mismo tiempo estaba promocionando unas clases medias de las que, luego, Franco se sentiría orgulloso. Siempre habla la izquierda de las entradas bajo Palio de Franco en algunas catedrales, pero muy poco de las catedrales en que tenía prohibida su entrada por ser reticente a una democracia (reconciliación formal entre españoles) en la que él ya no creía desde el 20 de julio de 1936. Probablemente esa desconfianza fue su mayor error, aunque viendo la deriva de la izquierda (siempre en el mismo sentido) quién sabe si no tenía razón. ¿Nunca va ser posible la libertad en España nada más que en breves periodos tras largas guerras y dictaduras? ¡Hay que joderse!

Tras la guerra, unos 500.000 españoles se van al exilio en 1939. Alrededor de 470.000 vuelven a su país antes de un año y nadie les dice nada, vuelven a trabajar cada cual a su casa. Hay, desde luego, presos políticos y juicios por delitos de sangre; juicios de verdad, y condenas, y fusilamientos, y equivocaciones sin duda; y fusilamientos de, en teoría, nacionales (simples asesinos) que se habían tomado la justicia por su mano en la misma retaguardia al abrigo de una victoria ya próxima.

Y los exiliados del Frente Popular español ayudaban a Hitler a invadir Francia, por orden de Stalin, también el Frente Popular Francés. Luego todos entran en la Resistencia (que es más un cuento chino que otra cosa) cuando Hitler rompe el pacto con Stalin al invadir la URSS. Muchos españoles acaban en Mathausen y otros campos alemanes dado que eran bien conocidos por estos. Y en el año 42 se produce una amnistía general en España.

Y los españoles, imbuidos de libertad desde las sacristías y las iglesias, acogen la democracia del 78 con una naturalidad que asombró al mundo. La democracia había sido entendida perfectamente por los españoles gracias al influjo de una Iglesia que los amantes del totalitarismo habían tratado de exterminar cuarenta años antes. La libertad, la verdadera libertad (lo he repetido cien veces) solamente es el resultado de un proceso histórico de paulatina comprensión de Cristo y de su Evangelio. Es estúpido buscar la causa de la libertad en otro sitio, aunque, a menudo, trata de hacerse con los resultados que todo el mundo conoce.

La deriva contra la libertad y la democracia en España (en la España actual, por ejemplo) es el resultado (siempre) de un proceso de obcecación intelectual propiciado por una propaganda repetitiva, anticristiana en su base, que trata, sobre todo, de conseguir un grado de ofuscamiento social tan descomunal en el que pueda ser admitido, con toda naturalidad, lo malo como bueno y lo bueno como malo.

La DERECHA III es la que sabe esto, a veces es capaz de decirlo, pero se desentiende pues, su división, a pesar de la apariencia de un sólo partido, le hace desmoralizarse, creerse sin fuerzas. La DERECHA III sabe, pero anda con tácticas, incluso con desprecios intelectuales. La DERECHA III anda sentada y aburrida por las aceras del mundo como aquellos ángeles, de que nos habla el Dante, que en la Batalla de los Cielos no quisieron tomar partido ni por San Miguel ni por Lucifer. Fueron condenados a vagar sin rumbo hasta la consumación de los tiempos. Cuando se renuncia a luchar por los valores y principios en aras de tácticas o por cobardía se acaba perdiéndolo todo por culpa de las tácticas y con la necesidad inconfundible de hacer acopio de valentía para tiempos oscuros.

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