viernes, 26 de marzo de 2010

LA CONSTITUCIÓN DE 1812.

Conocida como "La Pepa", por haber sido promulgada el día de San José (19 de marzo) de ese año.

No hace mucho, en algún lugar de una de las entradas anteriores, hablaba y me olía que, el PSOE, iba a tratar de capitalizar las celebraciones del bicentenario de la promulgación de dicha Constitución. Pérez Reverte ya lo está sufriendo en sus propias carnes y nuevamente nos van a colar al PSOE como el novio en la boda, el niño en el bautizo y, no sé cuándo, ―espero que cuanto antes― el muerto en el entierro. Un requiescat in pace sobre la lápida política del PSOE sería uno de los más grandes favores hechos a España y haría más por la convivencia pacífica y en libertad de los españoles que ninguna otra cosa. Perderíamos, quizá, cierta diversión, pero lograríamos soportarlo.

La Constitución de 1812 es, quizá, el precedente más genuino de la actual de 1978. Es la Constitución liberal por antonomasia promulgada en ausencia de Fernando VII y que, luego, en mayo del 14, se cargó. A aquella Constitución le salió el grano de la traición de algunos españoles (empezando por el rey felón), como a esta de 1978 le han salido los socialistas y el folclore de los asesinos nacionalistas y sus conniventes.

La Constitución del 12 comienza así:


"DON FERNANDO VII, por la gracia de Dios y la Constitución de la Monarquía española, Rey de las Españas, y en su ausencia y cautividad la Regencia del reino, nombrada por las Cortes Generales y extraordinarias, a todos los que las presentes vieren y entendieren, SABED: Que las mismas Cortes han decretado y sancionado la siguiente CONSTITUCIÓN POLÍTICA DE LA MONARQUÍA ESPAÑOLA".
"En el nombre de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, autor y supremo legislador de la sociedad…"
"La Nación española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios". "La Nación española es libre e independiente, y no es ni puede ser patrimonio de ninguna familia ni persona". "la soberanía reside esencialmente en la Nación…". "La nación está obligada a conservar y proteger por leyes sabias y justas la libertad civil, la propiedad y los demás derechos legítimos…".
"El amor de la patria es una de las principales obligaciones de todos los españoles, y asimismo el ser justos y benéficos".
"La religión de la Nación española es y será perpetuamente la católica, apostólica, romana, única verdadera. La Nación la protege por leyes sabias y justas y prohíbe el ejercicio de cualquier otra."
"El Gobierno de la nación española es una Monarquía moderada hereditaria." "La potestad de hacer la Leyes reside en las Cortes con el Rey."
Pues muy bien, ahí está el PSOE, que vuelve a las andadas de la persecución religiosa, del odio a la monarquía, negador de la nación española ―un concepto discutido y discutible―, promulgando leyes injustas y haciendo gala de un odium fidei que le caracteriza históricamente. Sus alianzas y coincidencias con los enemigos de España es como para dejar en sus manos cualquier celebración. También fueron ellos los del ridículo de la celebración del Quinto Centenario, una verdadera oportunidad perdida sobre la más grande hazaña de la historia humana que, el PSOE, trató de colocar a su altura histórica, es decir, por los suelos.

Uno de los principales baldones que ha tenido que sufrir España en el último siglo y pico, es, con absoluta seguridad, la existencia del PSOE. Sin semejante daño orgánico y moral, España, sería ahora una vieja democracia. No hubiera existido la más atroz persecución religiosa que se recuerda, ni la Guerra Civil, ni los cuarenta años de dictadura. El PSOE es la encarnación de todos los defectos ―amplificados por su organización sistemáticamente infernal― de la España más negra, más delictiva, más perturbada. Por ejemplo, sin el apoyo del PSOE y sus esquejes ―el PCE lo es del PSOE―, el nacionalismo ―CIU, ERC, PNV, BATASUNA, el Bloque, ETA…― sería mero folclore. Pablo Iglesias, Prat de la Riva, Blas infante… son exactamente la misma estupidez en sus extremos más ridículamente redentores y localistas.

Que el PSOE quiera tener algo que ver con las celebraciones de esta Constitución y el reconocimiento de su muchos valores, es tan engañoso como cuando, tradicionalmente, ha hablado, y sigue hablando, como un pollo sin cabeza y sin rubor ni azoramiento que valga, de defensa de los obreros, patriotismo, solidaridad, justicia, libertad, igualdad, protección de la vida, extensión de derechos, libertad de expresión…

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