miércoles, 21 de abril de 2010

¡QUÉ NIVEL, MARIBEL!

Gabilondo era otra cosa, sin embargo se ha empeñado en no ser nada. El crucifijo, según él, va contra los demás. Yo pensaba que este señor había leído algo, pero no; o a lo mejor sí, pero puede que ser idiota insultando a la inteligencia le deje libre de miedos y le sirva para lamerle el culo al califa de turno defendiendo la servidumbre de la mujer al propugnar el velo islámico… contra la cruz; por comparación se supone, bien que, como repito, sea insultante… para la inteligencia. Es decir, un ministro más del gobierno del cetapé que es el uniformizador universal más eficiente, siempre y cuando se trate de abajarlo todo a niveles de absurdo difícilmente analizables por cualquier inteligencia, incluida la mínima que pueda existir, porque lo dispone todo como en acto para propiciar su ausencia.

Cuando se llega a estos extremos se explica uno absolutamente todo. Se explica uno la crisis y los cinco millones de parados; el hecho de que el ministro de exteriores vaya, al paso de Cantinflas, apoyando en nuestro nombre todas las dictaduras del mundo; que la ministra de defensa comparta y haya defendido la frase del "yo me cago en la puta España"; que, del presidente al último de los ministros, vivan en la mentira con toda la tranquilidad del mundo por creer que ella es la esencia de la política y… en fin, el típico gobierno del que, en el colmo, forma parte una ministra que necesita un mapa para encontrarse el clítoris y que si Blancanieves no usa brújula o si la Bella Durmiente lo necesita a 1/6.000.000 porque como está siempre roncando no hay por qué gastar tanto papel en curvas de altitud. Bien definitorio este último ejemplo y no es el momento, quizá, de meterse en el berenjenal de explicar si es la necedad, acaso, de donde procede la maldad o viceversa.

El caso es que llegados a este punto se impone aquello de Orwell que decía que "nos hemos sumergido hasta una profundidad en que el replanteamiento de lo obvio es el primer deber", y advertía en otro lado, "cuidado, la izquierda es antifascista pero no es antitotalitaria". Lo sabía muy bien pues había luchado en el Frente Popular durante la guerra española. Es cierto que mucha gente se desentiende de esto, que es lo que el PSOE y demás pretenden para, así, modelarlo todo a su gusto. Lo malo es que se está llegando al extremo en que la gente ya no va a poder desentenderse porque no le va a quedar a qué renunciar. El problema de las revoluciones no es desatarlas; con irresponsabilidad, y mucho odio a lo que hay, sobra y basta. El problema es controlarlas y que respeten incluso a los que han vertido todo su odio e inteligencia para suscitarlas.

Admirado por cómo el PSOE, siendo este partido traidor a España desde sus inicios hace ya más de un siglo, golpista durante toda su historia, guerracivilista y revolucionario y que, incluso modernamente en esta etapa democrática tras la dictadura, se ha dedicado al robo industrial de los fondos públicos, al secuestro y al asesinato… es votado por millones de españoles, aún me admira más que los periodos democráticos duren, con su concurso más de una legislatura y que estas puedan ser acabadas (me refiero a las ajenas). Da toda la impresión de que hasta aquí hemos llegado si Dios, al que tratan de meter en cintura, no lo remedia. Solo los idiotas creen que es democracia cuando solo se les permite votar a los que se les dice. A eso vamos.

Estamos en un momento crucial, no sólo en España, claro, pero en mayor grado en España dado que esta sigue cayendo desde lo más alto a que nación alguna haya llegado. Estamos en caída libre, más pronunciada que en los años treinta. Los intelectuales en aquellos días vieron el error enseguida y acto seguido proclamaron a coro "no es esto, no es esto". Ahora los intelectuales ejercen únicamente de irresponsables, tratan de ser los pastores o clérigos de un rebaño de matacuras, de meros instigadores, véase Gabilondo. Tras tipos así suelen aparecer los locos con sus navajas. Lo que viene es el antifascismo totalitario. Ahora están convencidos de que ese totalitarismo va ser sin paracuellos o alcalás. Va a ser un totalitarismo suave en el que no se va a sustraer otra cosa que la libertad.

Zapatero y los socialistas no creen que nadie se vaya a molestar si se le quita la libertad, al fin y al cabo ellos pueden vivir en su escueto ámbito vital sin ningún problema y no pueden intuir que la libertad, como decía don Quijote, es el mayor regalo que a los hombres hicieron los cielos y que merece la pena luchar, incluso morir por ella. Los socialistas y demás, con Zapatero a la cabeza, han metido a toda una sociedad en una batalla atroz contra la inalterable estructura de la verdad. Una guerra en la que va, sin duda, a la derrota, aunque no sabemos después de cuánto dolor. La sonrisa de la que siempre hace gala Zapatero, a modo de mueca estúpida, no delata tanto su necedad como su angustia.

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