miércoles, 7 de abril de 2010

TOLERANCIA, TOLERANTES Y TROLEROS.

Debe quedar claro que cada uno es lo que es y no lo que no es. Algo tan obvio parece tonto decirlo, pero, para hablar de tolerancia, es necesario decirlo.

Está claro, como diría Juan de Mairena, que todos tenemos elementos para adoptar una personalidad u otra según las circunstancias, y todas esas personalidades pueden ser tan completas y acabadas como aquella que parece llevar la voz cantante, a través del tiempo, y que llamamos carácter. Pues bien, de lo primero que nos habla nuestro carácter, el que sea, es de nuestra intolerancia. Esto demuestra algo importante: la intolerancia es muy anterior a la tolerancia y, ésta, procede de aquella. Si uno acaba adoptando un carácter es por elección o, mejor dicho, por intolerancia de otras personalidades alternativas y que a uno no le parecen bien y, por tanto, no tolera.

Para Gustavo Bueno esto es algo matemático y acaba analizando el tema del modo más simple: si "+" es tolerancia y "-" es intolerancia apliquemos, pues, el sencillo método algebraico:

  1. + x += - (tolerancia x tolerancia = intolerancia) Es decir, ausencia de valores, relativismo, modernismo, historicismo, socialismo… zapaterismo.
  2. + x - = - (tolerancia x intolerancia = intolerancia) Es decir, tolero unas cosas y no otras iguales. Tolero los desmanes de los míos y no los de los demás. Es una variante del primer caso pero más visiblemente injusta.
  3. – x + = - (intolerancia x tolerancia = intolerancia) No tolero mis errores y sí los de los demás, lo cual representa la castración propia y la imposibilidad de aportar nada a l conjunto de la sociedad. Asumo como propios ―es otra consecuencia― los errores ajenos y hago mías sus razones. Es lo que suele hacer el PP, o al menos las facciones del PP en las que suelen recaer todos los complejos que los demás les imponen. Cuando llegan al poder, después, son incapaces de desfacer los entuertos de los malos, lo ilógico de situaciones aberrantes.
  4. – x - = + (intolerancia x intolerancia = tolerancia) Dicho ya más arriba: de la intolerancia procede la tolerancia. Se llega al extremo de no tolerar ni siquiera la intolerancia. En otras palabras, sin unos principios o valores fuertes, sin un pensamiento fuerte y una argumentación sana, sin una moralidad nítida y, como mínimo, destilada mediante el método "prueba y error" a través de los siglos, es absolutamente imposible la tolerancia.


 

Resumiendo: la legalización de los delitos, la negación del pensamiento y una enseñanza tan penosa como estamos padeciendo, el permisivismo, la conversión en preceptos obligatorios de las mayores aberraciones morales, la entronización de la amoralidad… están convirtiendo a Occidente ―España es la más veloz en el suicidio― en sociedades cuasi islámicas, socialistas… por su intolerancia. La consecuencia propia de tolerar todo lo inhumano, de tolerar todo lo más insocial y amoral dará lugar a la más terrible de las intolerancias si no le ponemos remedio. Se puede llegar a las persecuciones propias de la IIª República, signos hay de ello, y muchos ya, por desgracia.

Nos faltaría casi todo si sólo echásemos mano de la lógica, pero, en la medida de lo posible, usémosla.

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