sábado, 29 de mayo de 2010

VERDAD.


Lo cierto es que mucho se discute sobre este asunto, pero, a menudo, se olvida lo más importante. Me explicaré si soy capaz.

Es cierto que, la mentira, distorsiona la percepción de la realidad y, por tanto, es el primer signo que nos comunica el grado de esclavitud de una persona o de una comunidad. La mentira, por supuesto, nunca es nada palpable, nada demostrable, es una simple abstracción, la virtualidad de un mundo inexistente; es un supuesto que, por supuesto, no es físico, ni espiritual, es simplemente antinatural, antihumano y ficticio; la base del totalitarismo. Vivir de ese modo, es decir, en guerra continua contra el mundo real, suele producir una disipación intelectual que hace inasibles las más elementales disposiciones de la vida, produciendo, así, sociedades que funcionan como una especie de arcilla biológica fácilmente moldeable por el depravado mentiroso de turno.

La mentira comienza por el relativismo, por el hecho tangible hoy en día de que cada cual tiene su verdad. Esto, claro es, no puede ser así porque, entonces, no podríamos tener ninguna seguridad sobre lo que nos comunican los sentidos. Así, no sólo serían dudosas las cosas espirituales, sino que no podría existir ni siquiera la ciencia. En el relativismo, una verdad, sólo lo es respecto del sistema en el que se formula, o del tiempo, o del espacio, o de la cultura, o del clima en el que esa verdad se da. El relativismo es, en realidad, una especie de suicidio dialéctico puesto que ni siquiera puede llegar a formularse. Hay, por cierto, mucho memo que ha llegado a confundir el relativismo con la teoría de la relatividad de Einstein. A Einstein, claro, esto le cabreaba mucho, no estaba dispuesto a admitir que hoy era cierto eso de E=mc2, mañana lo era E=mc3 y, pasado E= m/2 c2, y así cada día una cosa; o que una de estas fórmulas fuera verdad en Francia, la otra en Suiza y la tercera en Portugal.

Eso es lo que afirma el tonto de turno que afirma que cada cual tiene su verdad. Bien, pues queda claro que esto es mentira, la primera mentira; la mentira zapateril que le hace afirmar que lo que te venga en gana hacer esa es la verdad, "la libertad os hará verdaderos", dice el espabilado y, él, va haciendo verdades a cada paso que da, pues cada paso que da es un sistema nuevo y, para él, un avance absoluto, redentor y cósmicamente innovador. Pero, ese estúpido pensamiento no es nada cósmico, ni siquiera cómico, es algo aterrador que está sumergiendo al mundo bajo océanos de sangre.

Lo cierto es que hay una verdad, una verdad única y eterna, una verdad infinita que no cabe en nuestras cabezas, que no podemos llevar sobre nuestros hombros, que no pertenece a nadie; porque la verdad no la tiene nadie, no es algo que se pueda tener sino algo en lo que hay que estar. Y no es verdad una verdad que sólo lo es durante diez minutos, o diez años, o diez siglos… una verdad que no es eterna no lo es de hecho ya, aunque haya nacido esta mañana con todo el furor de la sangre derramada.

Este es el asunto más importante al que me refería al principio. Pero hay que tener algo muy en cuenta: la mentira es veloz y con una tremenda apariencia de verdad; la verdad es casi siempre lenta e inverosímil. Los aliados de la verdad son analíticos, optan por la inteligencia más que por la listeza, optan por el amor más que por la ganancia. Acaban viendo con claridad que, la mentira, acaba contradiciéndose a sí misma porque no puede someter la realidad a sus hechuras. Para verla sólo hay que esperar un poco. Si uno está en la verdad jamás podrá estar equivocado largo tiempo, o ser engañado más que momentáneamente, y jamás será un esclavo.

martes, 25 de mayo de 2010

PASADA DE ESPAÑA POR EL ZAPATALISMO.


Nada nuevo, todo ha pasado alguna vez más y si, español, es una de las pocas cosas serias que aún se pueden ser en este mundo es porque hemos superado cosas tan terribles como las que estamos sufriendo ahora. De la estupidez del nacionalsocialismo, de jueces corruptos y corruptores y de gentes que miran para otro lado siempre hemos tenido buenas dosis… a un gran país, grandes traidores.


Las leyes con que juzgas, ¡oh Batino!
Menos bien las estudias que las vendes;
Lo que te compran solamente entiendes;
Más que Jasón te agrada el Vellocino.

 
El humano derecho y el divino,
Cuando los interpretas, los ofendes,
Y al compás que la encoges o la extiendes,
Tu mano para el fallo se previno.

 
No sabes escuchar ruegos baratos,
Y sólo quien te da te quita dudas;
No te gobiernan textos, sino tratos.

 
Pues que de intento y de interés no mudas,
O lávate las manos con Pilatos,
O, con la bolsa, ahórcate con Judas.
                                                                                       ("A un juez mercadería" Quevedo)

 
"Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel intelectual a la capacidad respectiva del menos inteligente de los individuos a quienes se desee que vaya dirigida. De esta suerte es menester que la elevación mental sea tanto menor cuanto más grande sea la masa que deba conquistar

("Mi lucha", Adolf Hitler)

 

 

 

 
CARTEL cogido de: http://ferrancab.blogspot.com

¡Caramba, caramba!, si el poder no se excediera no caería nunca. Por tanto, hay que esperar a que se exceda. ¿Se ha excedido ya? ¡Pues, oyes, no sé qué pensar!


 

sábado, 22 de mayo de 2010

¿CÓMO ES POSIBLE EN EL SIGLO XXI?


El idiota de turno se hará esa pregunta cien veces, sobre todo si está en el paro o en la lista de otras clases de damnificados por la memez socialista, esta vez, con rostro de un tal Zp. Y se hará esa pregunta cien veces después de apostar otras cien que va a volver a votar socialista. ¡Es la sociedad!, ¡qué le va a hacer! En fin, eso que se viene en llamar "recorte social" siempre es para otros: "los ricos" (que, si pueden, que suelen poder, casi nunca pagan lo que les correspondería en la retórica socialista. Claro que, casi siempre, son socialistas los que suelen ser ricos o muy ricos).

La retórica socialista es la que es, la que engaña, hasta la irrisión, a las enormes bandadas de memos que suelen decir que ellos "siempre han sido de izquierdas"; como si eso fuera otra cosa que postularse como idiota útil para el ricacho de turno que se viste de progre siempre por el mismo lado de la zaga.

No creo en la sociedad tal y como creen esos que se procuran las "pempis" haciendo propaganda del "pompis". Extienden derechos, siempre digo que sobre el suelo para poder pisarlos mejor. Por ejemplo: ¡Viva la muerte!, mientras se cargan la Legión para que no haya equívocos. Han hecho desaparecer el matrimonio civil entre hombre y mujer (que debe de ser harto raro y perjudicial) y han instaurado el "cualquier cosa como matrimonio" más la "Ley del repudio". Muy islámico esto último. Han elaborado y puesto en práctica leyes de enseñanza con el único objetivo de dividir en razas a la sociedad española y de procurar por todo los medios que el borrico español no se extinga. Han mandado al paro a cinco millones y lo que le cuelga; han dejado en el plano internacional a un país a la altura de cualquier republiqueta de idiotas. En fin, por donde se mire, España, desde el 2004 (se veía venir) inició un intenso periodo de cutrificación como jamás había visto otro en toda su historia. De esta, esperemos morirnos de risa, no a tiros. Esto último ya lo intentaron la mismas izquierdas y los mismos nacionalistas hace setenta años y también perdieron la guerra que iniciaron.

Andaba yo, por cierto, viendo un telediario cuando un señor que, por motivo del recorte del Zp, se manifestaba bandera republicana en mano, era preguntado por una periodista mientras le ponía el micrófono delante. El susodicho decía: "La culpa la tiene el capitalismo y la libertad de mercado". Lo más curioso es que, el tipo, era un tío de CCOO, que hacía gala de la libertad de manifestarse porque, los del gobierno, le quitaban la pasta , mientras enarbolaba la bandera inventada por Lerroux, por cierto, contra el que montaron un golpe de estado en el 34 con el que empezó, en realidad, la guerra civil. ¡Manda huevos! que diría Trillo.

La Confederación de Derechas Autónomas (CEDA) y el Partido Radical de Lerroux ya no existen; la Falange no tiene ningún diputado. ¿Por qué los partidos de la Guerra Civil no han dejado de existir ya o, como mucho, existir de manera meramente testimonial? ¿Por qué partidos de aquella guerra como el PCE, el PNV, ERC, el PSOE no han desparecido todavía? ¿Por qué, hoy, tiene tantos diputados que hasta gobierna un partido ladrón, asesino, secuestrador, guerracivilista, golpista y mentiroso siempre como es el PSOE? Lo dicho no creo en la sociedad.

Al fin y al cabo, una sociedad no es otra cosa que una colección de individualidades, siempre y cuando piensen; si no será un rebaño y votará al Z¡pppppppppppp! Es cierto que jamás sociedad alguna alcanzará más grado de sabiduría que el meramente elemental, por eso, cada vez más gente, se opone a lo social y a que le llamen sociedad porque, de ese modo, sólo podrán acceder a la cretinez.

Soy partidario de expresiones y palabras como bien común, sentido común y desechar definitivamente bien social, sentido social, cuestión social, porque, al fin y al cabo, estas últimas expresiones, únicamente hablan de la pasta y, encima, provocan la aparición de esa cosa que llaman, con toda propiedad, socialismo, y que lo suelen liderar gentes como el Zp y demás.

martes, 11 de mayo de 2010

DEMOCRACIA Y EL ISLAM DE AZNAR.


¿Un islam democrático? ¡Ojalá! —nunca mejor dicho.

Es cierto que dentro del mundo islámico hay una encarnizada carrera por apoderarse de la Meca. Veremos quién llega antes, si los yihadistas o eso que venimos en llamar "islam moderado". Todo el mundo, lógicamente, toma partido por este último. Aznar dice que también él lo ha hecho. Yo, no. Yo no tomo partido por ninguno, tomo partido por la libertad, por la sociedad abierta. Probablemente, Aznar, hable sólo desde el punto de vista político, desde el punto de vista de la existencia de una convivencia internacional pacífica, justa y en libertad. Algo anhelante y bienintencionado se me hace. Pero la cuestión no es exactamente esa, la cuestión es si todas las culturas —civilización en sentido real sólo hay una—, o mejor dicho, si alguna otra cultura puede producir eso que anhela el señor Aznar.

He recibido algunos amables correos diciéndome que algunas cosas que digo en entradas anteriores, a lo mejor, debiera matizarlas. Me dicen algunos, por ejemplo, que sí es posible un islam democrático. Por lo visto eso es lo que creen algunos, aunque para que el islam fuera democrático necesitaría dejar de ser islam. Creo que lo fundamental, desde mi punto de vista, no es si el islam puede o no adaptarse a los usos democráticos y en libertad de las sociedades occidentales, sino si puede producir algo igual o similar a eso. Aunque la libertad siempre es un curso, una vigilancia continua, siempre en trance de perfeccionamiento, no es otra cosa que el proceso histórico de discernimiento de lo cristiano.

Si el islam quiere eso, es decir adaptarse o asumir la democracia occidental —fundamentalmente el respeto a los grandes valores, que son anteriores y condición sine qua non para una democracia auténtica— tendrá que renunciar a buena parte —o a casi todas— de las cuestiones que le hacen ser lo que es. Una vez desbrozado de incompatibilidades, el islam, podría ser plenamente democrático. La única pega es que ya no sería islam.

Por supuesto que creo en la gente, creo en los musulmanes y en que, poco a poco, vayan conformando sociedades cada vez más informadas, sociedades en las que cada vez vayan teniendo valor más absoluto las cuestiones fundamentales: vida, verdad, libertad, justicia, igualdad. Para entonces podrán formar parte de eso que llamamos "sociedades libres", si es que, para entonces, éstas no se han suicidado y desaparecido por el sumidero de la podredumbre moral. Si eso es así, está claro, la culpa no la habrán tenido los musulmanes ni las sociedades islámicas por muy atrasadas y por muy atrapadas y enredadas que estén en su evolución imposible. Si Occidente desparece será por haber renunciado a los componentes que le dieron origen y que lo mantenían vivo.

Aznar dice que nos abramos, que es como darle una patada en nuestro culo al islam europeo, al menos eso creo yo; porque no creo que Aznar pretenda una sociedad abierta compuesta por una multitud de pequeñas sociedades cerradas.

Ahí está la cuestión. La democracia no consiste en introducir una papeleta en una urna, consiste en el respeto, cada vez más perfecto y evolucionado, de los valores que apunto un poco más arriba. Sin ellos no hay nada que hacer. Y no sólo eso, esos valores hay que humanizarlos, es decir, investigarlos, saber de dónde provienen, interiorizarlos, llegar a saber que son los que nos constituyen, los que forman nuestra propia naturaleza. Para ello necesitamos una teología, una filosofía, una exégesis, una historia, una ciencia… pero no vale cualquier teología, cualquier filosofía, cualquier exégesis, cualquier… José María Pemán puso un ejemplo muy gráfico, aunque hablando de otro tema; decía que era muy fácil civilizar a un caníbal, es decir, enseñarle a manejar el teléfono, la ametralladora o lo que hoy en día es cada vez más usual, un ordenador; lo terriblemente difícil sería explicarle por qué no debe comer carne humana. En esto estamos, señor Aznar, no en una anhelante y bienintencionada política, quizá loable, de convivencia.

sábado, 8 de mayo de 2010

OMNIA INSTAURARE IN CHRISTO.


Una de las cosas más tontas y curiosas que ocurrieron durante la revolución francesa fue que en 1793, la Convención, estableció el culto a la diosa Razón y la entronizó y dedicó la catedral de Notre Dame a semejante cosa. Es decir, que ese magnífico instrumento humano, como es la razón, había dejado de ser un instrumento fundamental en el desenvolvimiento y devenir histórico del hombre y se había convertido en un hecho credencial. Con la ciencia, obviamente, vino a ocurrir exactamente lo mismo y, aparte de los meros fenómenos a que se dedica el quehacer científico, ahora también se dedicaba a sacar conclusiones que no le correspondían. Sigue en ello.

Si bien, a través de la historia, no habían faltado las tentaciones y los intentos, era ahora cuando se daba el pistoletazo de salida a la gran deshumanización de la sociedad occidental. Este proceso consiste fundamentalmente en la progresiva instauración del totalitarismo. Son varios los modos por los que se instaura, aunque, fundamentalmente, comienza por echar a Dios de la vida del hombre y considerar a éste como un simple elemento más, como sujeto de cosificación. Dicho de otro modo: desterrar lo sobrenatural y divinizar a lo natural. Curiosamente, durante aquel 1793 también se instaura la religión de la Naturaleza. El verdismo actual que pretende ser totalitario es heredero de aquella religión y no es otra cosa que la resurrección de un dudoso culto pagano en el que destacó, sobre todo, Hitler y sus nazis; casi tanto como la progresía actual.

La razón había alcanzado cumbres increíbles al tratar de desentrañar el misterio divino. Una y otra vez se estampaba contra semejante infinitud y tenía que retroceder para tomar nuevo impulso y perspectiva. A cada nuevo intento se daba cuenta de que había crecido un montón de palmos gracias al intento anterior. Una vez desterrado Dios, la razón se convierte en un mero elemento de adoración, en un elemento que, en la acción política, sirve, solamente, para intentar desnaturalizar al que piensa. De este modo puede así ser considerado — el que piensa por su cuenta— de la manera más conveniente para los que tratan de eliminarlo al haber cometido el sacrilegio de allanar la morada de la diosa. Y estos son los que reparten los permisos de pensar, los que dan los títulos en las universidades como si fueran permisos para opinar de lo que no se sabe siempre y cuando se sea afecto al régimen. La peor enemiga de estos denaturalizadores es, por supuesto, la Iglesia. Es contra ella contra la que hay que luchar y mentir. Su instrumento favorito es el falseamiento de la historia.

La verdad es que todo tiene su lógica: si es Dios el objeto central del pensamiento, de la razón, ésta alcanza el máximo desarrollo a que puede aspirar. Si, por el contrario se destierra a Dios y se coloca en su lugar a la diosa Razón, ésta se convierte en un mero objeto de adoración, en una simple cuestión credencial que enseguida queda superada pues no puede contrastarse nada más que consigo misma. La propia endogamia la esteriliza. Se acaba cayendo en un racionalismo atroz —que es lo que llegó en el XIX—, simple capadura de lo racional, tan válido e intercambiable con el irracionalismo a que éste da lugar y que son las atrocidades del XX. Seguimos, desgraciadamente, en esa deriva terrorífica que no sabemos a qué nos llevará y, de seguir así, el Gulag y Auschwitz con todo su horror, sólo serán unas simples anécdotas unos meros avisos.

Ahora es muy difícil decir dos palabras sensatas sin que el bobo de turno te califique de machista, ultraderechista, islamófobo, homófobo, racista… si repites aquello que decía sensatamente Ganivet: "La síntesis espiritual de un país es su arte. Pudiera decirse que el espíritu territorial es la médula; la religión el cerebro; el espíritu guerrero, el corazón; el espíritu jurídico la musculatura y el espíritu artístico como una red nerviosa que todo lo enlaza y unifica y lo mueve", te expulsarán a las tinieblas exteriores y te volverán a llamar facha y belicista. La desfachatez de la ignorancia es inusitada, la cobardía al amparo de la adoración de la razón por quienes no saben lo que eso es, les hubiera llevado al gueto de los inútiles y al suicidio de los gallinas en otro tiempo. Y esto es lo esencial: la consideración de la ignorancia como el grado máximo, primero de la sabiduría y después de la petulante cobardía. Es así, por lo que, desgraciadamente, el ideal de la democracia está, ahora, más en entredicho que nunca porque ha tomado la deriva de la oclocracia —gobierno de la plebe— de una manera terrorífica. Siempre me admiró el hecho de que algunos, aun en pleno invierno, iban en mangas de camisa, camisa roja, claro. No hace demasiado tiempo que me he enterado de que no pasan frío, pues llevan por debajo, siempre, otro par de ellas: una parda y otra negra. Y, encima, son cobardes, incapaces del sí e incapaces del no. No sé quién decía que es mejor adorar al diablo —como hacían todos esos camisas— que no adorar ni a Dios ni al diablo. Lo primero es diabolismo, pero para eso existe el exorcismo. Lo segundo es eunuquismo, y no tiene solución. El que lleva esas tres camisas no tiene solución, es carne de frenopático plagado de chinches Y lo es por intensidad, no por incoherencia.

Vivimos una época plagada de borregos castrados, de timadores, de engañabobos, de ciegayernos, como llamaba Quevedo a las cosas que, teniendo alguna apariencia, no tenían ni sustancia ni valor. La civilización Occidental ha consistido fundamentalmente en considerar la vida como un bien absoluto y su garante era Cristo. Una vez desterrado Cristo la vida deja de ser un bien absoluto, ni siquiera es un bien a secas. Es un simple elemento ideológico que se coloca en el lugar que, en cada caso, convenga mejor. De este modo, Occidente, ha dejado de serlo, es ya una simple sociedad —si es que llega a ello— compuesta de residuos infectos y malolientes en la que, poco a poco, sólo van a quedar una aristocracia o cuadros del partido con escaso número de componentes y una inmensidad que se dividirá simplemente en ladrones y mendigos. La gente está prefiriendo ser idiota a parecerlo.

El laicismo y el ateísmo están en la base de toda esta deriva, en la entronización de la diosa Razón y en su consideración meramente credencial. Siempre he dicho que las iglesias no están vacías por falta de fe sino por falta de curiosidad intelectual. El diablo sabe muy bien todas estas cosas. Siempre estará contra Dios, contra nuestra fe en Él, por supuesto; pero es que Dios es el Intelecto Puro y estamos hechos a su imagen. Si el diablo logra cercenar la razón nuestra fe dejará de ser razonable y no podremos creer en el verdadero Dios. El cristianismo es la razón en todo su esplendor —en realidad es la razón a secas— y el mensaje cristiano está más allá de toda religión, aunque también conforma una religión por voluntad de Cristo. El fomentar el laicismo, decía Simone Weil, no es sino trabajar en favor del totalitarismo y, también decía en este mismo sentido, que el único obstáculo para la idolatría del totalitarismo consiste en una vida espiritual auténtica. Tenía ojos y sabía ver.

El trabajo es duro y, desde luego, hay que empezar por reconstruir la razón. Pero esto no puede hacerse sin el concurso fundamental del cristianismo. Sin él sólo se seguirá profundizando en el encanallamiento, en la barbarie y en el fin definitivo.

Asistimos hoy a la horrible representación de una multitud obcecada, intoxicada, mezquina, envilecida que se desgañita y brama, que abronca, silba y patalea que no quiere a Cristo por Rey, que quiere que le suelten a Barrabás.

Y Barrabás campa por sus respetos, pero es la vaciedad y el abismo. La humanidad tendrá que ponerse las pilas y volver a instaurarlo todo en Cristo, no en Barrabás. Omnia instaurare in Christo.

martes, 4 de mayo de 2010

ALGUNAS ACLARACIONES.


Las víctimas de la LOGSE y mucho universitario víctima de esas chuscas concepciones marxistas de la historia (catedráticos muchos de ellos), creen, y así lo manifiestas a todas horas, que los grandes avances de la humanidad llegan por el simple hecho de denostar, rechazar y sustituir la religión, aunque no cualquier religión, sino sólo la religión católica. Así dirán que, la Ilustración, viene a ser algo así como una especie de estado ideal de no existir el cristianismo. Ese estado ideal no ha aparecido antes, según estas gentes y precisamente, por la existencia del horroroso cristianismo.

Esta es la tesis del "historicismo", nacido precisamente para mantener las tesis inmanentistas y denostar a los héroes, santos, sabios, genios… y ensalzar lo vulgar, la cotidianidad de la intranscendencia, la globalización de la memez, la negación de las patrias, de los padres, de lo perdurable…

La verdad es que es el propio cristianismo el que propicia su "autocrítica", aunque, por desgracia y en su exageración, suelen aparecer las herejías encarnadas en personajes y movimientos en el momento en que esa autocrítica se extrema y se niega al Dios cristiano en la medida que sea. Aparece así todo ese tipo de movimientos que, en la mayoría de las ocasiones vienen a producir los genocidios de que tanto se habla: desde la Revolución francesa, al nazismo, el socialismo, el fascismo… y que antes ha originado el pelagianismo, el islam o el luteranismo que han producido el genocidio de los indios en el caso del luteranismo y los habituales, e históricamente repetitivos, del Islam.

Hay que decir que esa autocrítica sólo es posible y sólo se ha producido en el mundo cristiano; cuando se ha producido en otras culturas es por imitación o por la fuerza. Una muestra puede ser la democracia impuesta en el Japón tras la IIª Guerra Mundial o esa especie de laicismo en Turquía por parte de Ataturk y desde el ejército.

Es evidente, y sólo un idiota es capaz de creer lo contrario, que los avances proceden del cristianismo. Está claro, a poco que se conozca la historia, y aunque sólo sea someramente, la historia del pensamiento que forma parte de aquella, que eso que llamamos libertad no es otra cosa que el resultado de un proceso histórico de comprensión de lo cristiano. Y, claro, es evidente que la humanidad no ha alcanzado el culmen, pero, si abandona el cristianismo, tomará evidentemente el camino contrario. Las sociedades occidentales se están volviendo menos libres, más miedosas y cobardes y, por tanto, han comenzado un proceso de autoinmolación precisamente por abandono del cristianismo. Nuestras sociedades, por ello, se están volviendo sociedades medrosas, desesperadas y a disposición, por tanto, de caudillos, salvadores y terribles depredadores.

Se está abandonado el cristianismo que es el que nos ha dado todo lo que somos: desde la transcendencia, al pensamiento; desde la ciencia al arte; desde la igualdad de la mujer a los derechos humanos, los derechos de los trabajadores… Aunque es cierto que las diversas fisuras de las sociedades cristianas han permitido la subsistencia de algunos valores paganos adheridos y emboscados en los usos sociales. Si ha habido alguna adherencia clara, perniciosa, y que el cristianismo vino a desechar de un modo radical y desde el principio, son el racismo, la consideración de la mujer como un ser inferior, la de que hay un pueblo elegido y no una humanidad entera, la desigualdad, la esclavitud, la mentira, la injusticia… y la mayor parte de estas cosas por primera vez en la historia humana… y, por lo visto, también por última. Pero, ¡cuánto se miente sobre todo esto!