martes, 4 de mayo de 2010

ALGUNAS ACLARACIONES.


Las víctimas de la LOGSE y mucho universitario víctima de esas chuscas concepciones marxistas de la historia (catedráticos muchos de ellos), creen, y así lo manifiestas a todas horas, que los grandes avances de la humanidad llegan por el simple hecho de denostar, rechazar y sustituir la religión, aunque no cualquier religión, sino sólo la religión católica. Así dirán que, la Ilustración, viene a ser algo así como una especie de estado ideal de no existir el cristianismo. Ese estado ideal no ha aparecido antes, según estas gentes y precisamente, por la existencia del horroroso cristianismo.

Esta es la tesis del "historicismo", nacido precisamente para mantener las tesis inmanentistas y denostar a los héroes, santos, sabios, genios… y ensalzar lo vulgar, la cotidianidad de la intranscendencia, la globalización de la memez, la negación de las patrias, de los padres, de lo perdurable…

La verdad es que es el propio cristianismo el que propicia su "autocrítica", aunque, por desgracia y en su exageración, suelen aparecer las herejías encarnadas en personajes y movimientos en el momento en que esa autocrítica se extrema y se niega al Dios cristiano en la medida que sea. Aparece así todo ese tipo de movimientos que, en la mayoría de las ocasiones vienen a producir los genocidios de que tanto se habla: desde la Revolución francesa, al nazismo, el socialismo, el fascismo… y que antes ha originado el pelagianismo, el islam o el luteranismo que han producido el genocidio de los indios en el caso del luteranismo y los habituales, e históricamente repetitivos, del Islam.

Hay que decir que esa autocrítica sólo es posible y sólo se ha producido en el mundo cristiano; cuando se ha producido en otras culturas es por imitación o por la fuerza. Una muestra puede ser la democracia impuesta en el Japón tras la IIª Guerra Mundial o esa especie de laicismo en Turquía por parte de Ataturk y desde el ejército.

Es evidente, y sólo un idiota es capaz de creer lo contrario, que los avances proceden del cristianismo. Está claro, a poco que se conozca la historia, y aunque sólo sea someramente, la historia del pensamiento que forma parte de aquella, que eso que llamamos libertad no es otra cosa que el resultado de un proceso histórico de comprensión de lo cristiano. Y, claro, es evidente que la humanidad no ha alcanzado el culmen, pero, si abandona el cristianismo, tomará evidentemente el camino contrario. Las sociedades occidentales se están volviendo menos libres, más miedosas y cobardes y, por tanto, han comenzado un proceso de autoinmolación precisamente por abandono del cristianismo. Nuestras sociedades, por ello, se están volviendo sociedades medrosas, desesperadas y a disposición, por tanto, de caudillos, salvadores y terribles depredadores.

Se está abandonado el cristianismo que es el que nos ha dado todo lo que somos: desde la transcendencia, al pensamiento; desde la ciencia al arte; desde la igualdad de la mujer a los derechos humanos, los derechos de los trabajadores… Aunque es cierto que las diversas fisuras de las sociedades cristianas han permitido la subsistencia de algunos valores paganos adheridos y emboscados en los usos sociales. Si ha habido alguna adherencia clara, perniciosa, y que el cristianismo vino a desechar de un modo radical y desde el principio, son el racismo, la consideración de la mujer como un ser inferior, la de que hay un pueblo elegido y no una humanidad entera, la desigualdad, la esclavitud, la mentira, la injusticia… y la mayor parte de estas cosas por primera vez en la historia humana… y, por lo visto, también por última. Pero, ¡cuánto se miente sobre todo esto!

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