sábado, 22 de mayo de 2010

¿CÓMO ES POSIBLE EN EL SIGLO XXI?


El idiota de turno se hará esa pregunta cien veces, sobre todo si está en el paro o en la lista de otras clases de damnificados por la memez socialista, esta vez, con rostro de un tal Zp. Y se hará esa pregunta cien veces después de apostar otras cien que va a volver a votar socialista. ¡Es la sociedad!, ¡qué le va a hacer! En fin, eso que se viene en llamar "recorte social" siempre es para otros: "los ricos" (que, si pueden, que suelen poder, casi nunca pagan lo que les correspondería en la retórica socialista. Claro que, casi siempre, son socialistas los que suelen ser ricos o muy ricos).

La retórica socialista es la que es, la que engaña, hasta la irrisión, a las enormes bandadas de memos que suelen decir que ellos "siempre han sido de izquierdas"; como si eso fuera otra cosa que postularse como idiota útil para el ricacho de turno que se viste de progre siempre por el mismo lado de la zaga.

No creo en la sociedad tal y como creen esos que se procuran las "pempis" haciendo propaganda del "pompis". Extienden derechos, siempre digo que sobre el suelo para poder pisarlos mejor. Por ejemplo: ¡Viva la muerte!, mientras se cargan la Legión para que no haya equívocos. Han hecho desaparecer el matrimonio civil entre hombre y mujer (que debe de ser harto raro y perjudicial) y han instaurado el "cualquier cosa como matrimonio" más la "Ley del repudio". Muy islámico esto último. Han elaborado y puesto en práctica leyes de enseñanza con el único objetivo de dividir en razas a la sociedad española y de procurar por todo los medios que el borrico español no se extinga. Han mandado al paro a cinco millones y lo que le cuelga; han dejado en el plano internacional a un país a la altura de cualquier republiqueta de idiotas. En fin, por donde se mire, España, desde el 2004 (se veía venir) inició un intenso periodo de cutrificación como jamás había visto otro en toda su historia. De esta, esperemos morirnos de risa, no a tiros. Esto último ya lo intentaron la mismas izquierdas y los mismos nacionalistas hace setenta años y también perdieron la guerra que iniciaron.

Andaba yo, por cierto, viendo un telediario cuando un señor que, por motivo del recorte del Zp, se manifestaba bandera republicana en mano, era preguntado por una periodista mientras le ponía el micrófono delante. El susodicho decía: "La culpa la tiene el capitalismo y la libertad de mercado". Lo más curioso es que, el tipo, era un tío de CCOO, que hacía gala de la libertad de manifestarse porque, los del gobierno, le quitaban la pasta , mientras enarbolaba la bandera inventada por Lerroux, por cierto, contra el que montaron un golpe de estado en el 34 con el que empezó, en realidad, la guerra civil. ¡Manda huevos! que diría Trillo.

La Confederación de Derechas Autónomas (CEDA) y el Partido Radical de Lerroux ya no existen; la Falange no tiene ningún diputado. ¿Por qué los partidos de la Guerra Civil no han dejado de existir ya o, como mucho, existir de manera meramente testimonial? ¿Por qué partidos de aquella guerra como el PCE, el PNV, ERC, el PSOE no han desparecido todavía? ¿Por qué, hoy, tiene tantos diputados que hasta gobierna un partido ladrón, asesino, secuestrador, guerracivilista, golpista y mentiroso siempre como es el PSOE? Lo dicho no creo en la sociedad.

Al fin y al cabo, una sociedad no es otra cosa que una colección de individualidades, siempre y cuando piensen; si no será un rebaño y votará al Z¡pppppppppppp! Es cierto que jamás sociedad alguna alcanzará más grado de sabiduría que el meramente elemental, por eso, cada vez más gente, se opone a lo social y a que le llamen sociedad porque, de ese modo, sólo podrán acceder a la cretinez.

Soy partidario de expresiones y palabras como bien común, sentido común y desechar definitivamente bien social, sentido social, cuestión social, porque, al fin y al cabo, estas últimas expresiones, únicamente hablan de la pasta y, encima, provocan la aparición de esa cosa que llaman, con toda propiedad, socialismo, y que lo suelen liderar gentes como el Zp y demás.

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