martes, 11 de mayo de 2010

DEMOCRACIA Y EL ISLAM DE AZNAR.


¿Un islam democrático? ¡Ojalá! —nunca mejor dicho.

Es cierto que dentro del mundo islámico hay una encarnizada carrera por apoderarse de la Meca. Veremos quién llega antes, si los yihadistas o eso que venimos en llamar "islam moderado". Todo el mundo, lógicamente, toma partido por este último. Aznar dice que también él lo ha hecho. Yo, no. Yo no tomo partido por ninguno, tomo partido por la libertad, por la sociedad abierta. Probablemente, Aznar, hable sólo desde el punto de vista político, desde el punto de vista de la existencia de una convivencia internacional pacífica, justa y en libertad. Algo anhelante y bienintencionado se me hace. Pero la cuestión no es exactamente esa, la cuestión es si todas las culturas —civilización en sentido real sólo hay una—, o mejor dicho, si alguna otra cultura puede producir eso que anhela el señor Aznar.

He recibido algunos amables correos diciéndome que algunas cosas que digo en entradas anteriores, a lo mejor, debiera matizarlas. Me dicen algunos, por ejemplo, que sí es posible un islam democrático. Por lo visto eso es lo que creen algunos, aunque para que el islam fuera democrático necesitaría dejar de ser islam. Creo que lo fundamental, desde mi punto de vista, no es si el islam puede o no adaptarse a los usos democráticos y en libertad de las sociedades occidentales, sino si puede producir algo igual o similar a eso. Aunque la libertad siempre es un curso, una vigilancia continua, siempre en trance de perfeccionamiento, no es otra cosa que el proceso histórico de discernimiento de lo cristiano.

Si el islam quiere eso, es decir adaptarse o asumir la democracia occidental —fundamentalmente el respeto a los grandes valores, que son anteriores y condición sine qua non para una democracia auténtica— tendrá que renunciar a buena parte —o a casi todas— de las cuestiones que le hacen ser lo que es. Una vez desbrozado de incompatibilidades, el islam, podría ser plenamente democrático. La única pega es que ya no sería islam.

Por supuesto que creo en la gente, creo en los musulmanes y en que, poco a poco, vayan conformando sociedades cada vez más informadas, sociedades en las que cada vez vayan teniendo valor más absoluto las cuestiones fundamentales: vida, verdad, libertad, justicia, igualdad. Para entonces podrán formar parte de eso que llamamos "sociedades libres", si es que, para entonces, éstas no se han suicidado y desaparecido por el sumidero de la podredumbre moral. Si eso es así, está claro, la culpa no la habrán tenido los musulmanes ni las sociedades islámicas por muy atrasadas y por muy atrapadas y enredadas que estén en su evolución imposible. Si Occidente desparece será por haber renunciado a los componentes que le dieron origen y que lo mantenían vivo.

Aznar dice que nos abramos, que es como darle una patada en nuestro culo al islam europeo, al menos eso creo yo; porque no creo que Aznar pretenda una sociedad abierta compuesta por una multitud de pequeñas sociedades cerradas.

Ahí está la cuestión. La democracia no consiste en introducir una papeleta en una urna, consiste en el respeto, cada vez más perfecto y evolucionado, de los valores que apunto un poco más arriba. Sin ellos no hay nada que hacer. Y no sólo eso, esos valores hay que humanizarlos, es decir, investigarlos, saber de dónde provienen, interiorizarlos, llegar a saber que son los que nos constituyen, los que forman nuestra propia naturaleza. Para ello necesitamos una teología, una filosofía, una exégesis, una historia, una ciencia… pero no vale cualquier teología, cualquier filosofía, cualquier exégesis, cualquier… José María Pemán puso un ejemplo muy gráfico, aunque hablando de otro tema; decía que era muy fácil civilizar a un caníbal, es decir, enseñarle a manejar el teléfono, la ametralladora o lo que hoy en día es cada vez más usual, un ordenador; lo terriblemente difícil sería explicarle por qué no debe comer carne humana. En esto estamos, señor Aznar, no en una anhelante y bienintencionada política, quizá loable, de convivencia.

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