lunes, 5 de julio de 2010

ABORTO, ABORTEROS, ABORTISTAS, ABORTADEROS, ASESINOS EVENTUALES, ASESINOS MÚLTIPLES, TERRORISTAS INDISCRIMINADOS, ETARRAS, MATAVIEJAS, SACAMANTECAS, ENVENENADORES, TERRORISTAS SUICIDAS…


Luchar por la vida significa luchar por la vida propia. Para quien no lucha por la vida, su vida, ya no vale nada o está en trance de no valer nada. Así como fumar como un carretero, darle al alcohol a todas horas, no comer otra cosa que tocino y bollicaos, no dar un paso… acaba pagándose ―más pronto que tarde―, el no luchar por la vida no significa otra cosa que ser enemigo de la vida, en primer lugar, enemigo de la propia vida. ¿Se puede ser más idiota? Pues de hecho se es. La inhibición o el apoyo al crimen más terrible que existe, el del aborto, le convierte a uno en un suicida potencial, y cuando se juntan muchos suicidas potenciales de estos lo que ocurre es que toda una civilización se viene abajo. Eso es lo que está ocurriendo con Occidente. Hay mucho culpable, sin duda, en la aceptación social de un crimen tan nefando, execrable y abominable como este y es, esa aceptación ―estrictamente diabólica―, uno de los obstáculos más tremendos para la erradicación de este crimen; el mayor crimen que existe contra la vida y contra la libertad, y principio de otros muchos crímenes que de él dependen siempre.

La estampita del bien o del mal morir, que antaño circulaba por ahí, es absolutamente real. La vida es sólo para quien la quiere, la muerte sólo la experimenta de verdad quien no quiere la vida o la vive guardando en un cajón lo primordial. La vida no se está a flores, se abre paso sin fingimientos, sin conveniencias, con una inocencia siempre perfecta y capaz de crujir de asombro a aquel que no tenga una piedra por corazón y que sea un ser humano normal. Es la animalización y la posterior cosificación personal la que lleva sobre su grupa todo el horror.

Cuentan que un tal Smith le metió cuatro tiros a John y lo dejó seco. El juicio dio como resultado la condena a muerte del señor Smith. Tras el juicio entrevistaron al portavoz del jurado que dijo lo siguiente: "Está claro por las pruebas, y su propia confesión, que, el señor Smith, fue el asesino del señor John. Es por ello que hemos decidido condenarlo a muerte. No hemos tenido ninguna duda". El periodista volvió a preguntar: "¿Es cierto que ningún miembro del jurado se ha opuesto al veredicto?" Y el portavoz de Jurado respondió: "No, nadie se ha opuesto. Todos hemos tenido muy clara nuestra condena, porque no es bueno matar a un hombre". Sin querer dio en el blanco y en la terrible contradicción de su decisión.

Como acabamos de ver, la pena de muerte, no tiene ninguna lógica. Quizá sólo en el caso de la defensa propia, pero, la defensa propia es, casi siempre, fortuita y queda al juicio posterior a su hecho mismo, lo cual quiere decir que, estrictamente, la pena de muerte es un hecho aberrante, ilógico, inhumano y, además, un pecado tremendo. La defensa propia, por tanto es siempre un mal, bien que sea un mal menor, pero nunca un bien, es decir un derecho. Quien mata en defensa propia debe ser juzgado escrupulosamente.

Hete aquí, que matar, en España, es ya un derecho. Desde hoy, el aborto, es un derecho en España que abre la puerta a todo tipo de asesinatos, genocidios, envenenamientos… El comportamiento de la ETA ya no puede ser condenado, es más bien un derecho; quien mata a su mujer o su marido, tiene vía libre, tiene su derecho, etc.

Digámoslo bien claro, hagamos las preguntas oportunas y que algún matachín responda: ¿Por qué se puede matar a alguien antes de la semana catorce o antes de que nazca? Si, el ser humano desde que es concebido hasta que muere naturalmente, en ningún momento llega a una supuesta perfección, ¿por qué no se le puede matar antes de proferir sus primeras palabras? ¿Por qué no se le puede matar antes de que llegue al uso de razón? ¿Por qué no se le puede matar cuando se jubila y así no tiene por qué cobrar una pensión? ¿Por qué no se le puede matar cuando está enfermo? Resumiendo: ¿Por qué no se puede matar a alguien atendiendo a cualquier capricho temporal?

¿Y por qué capricho temporal? ¿No pueden admitirse cualesquiera otros caprichos? No sé, por imaginar cosas raras que jamás sucederán y que jamás han sucedido: Matar a quien pertenece a una etnia distinta, a determinada religión, a determinada raza o por pensar de determinada manera. Cosas imposibles, quizá, porque van contra la lógica. Cualquier persona de juicio sano, con las circunvoluciones en su sitio, sin que se le haya practicado lobotomía alguna… Cualquier Dios que se precie, abominaría de todas estas barbaries y las consideraría pecados nefandos empezando por el exterminio de los más inocentes.

En España 53.847 personas fueron asesinadas en 1998 antes de nacer. 110.000 personas fueron asesinadas en España en 2009 antes de nacer. 20.000.000 millones de personas han sido asesinadas en Europa en los últimos quince años antes de nacer. ¡Ojos que no ven, corazón que no siente! Auschwitz a pleno rendimiento mientras tanto lo denostamos. Existen dudas sobre si aquellos alemanes conocían los campos de extermino y hacían oídos sordos; ahora ni siquiera tenemos esa excusa. Podemos execrar a aquella Alemania que dio lugar al nazismo, ahora nos sentimos orgullosos de algo bastante peor.

Con estas cifras, por otra parte, Europa no es posible, Eurabia es posible y cualquier otra aberración, pero Europa no. Y España tampoco es posible con 110.000 asesinatos, y no lo es Francia… ni siquiera el terroncillo catalán o vasco son posibles nacioncillas ―en este caso harto imposible porque ni siquiera existe el nasciturus, sólo una entelequia fantasmal.

Es el componente ideológico el que justifica la muerte: el colectivismo. Éste ha dado lugar a las ideologías nacionalistas, el socialismo y todas sus variantes como el comunismo, el nazismo, el fascismo. Quien tiene cualquier tipo de aberración ideológica como filtro de su retina no puede ver en los demás otra cosa que una ideología enemiga. En absoluto el atisbo ni siquiera lejano y desvaído de un, quizá, posible error menor, ínfimo en su modo de ―no pensar― seguir la corriente del horror que justifica el horror que es.

En la resolución del problema del aborto se centra la supervivencia de la civilización occidental, en realidad la única civilización que existe. La barbarie es lo que hace que una civilización deje de serlo o no llegue a serlo.

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