viernes, 30 de julio de 2010

DE CULO, CUESTA ABAJO Y SIN FRENOS.


Estos pasmados antitaurinos, junto con la efusión del pasado mundial de fútbol, han despertado algo que los nacionalsocialistas y, probablemente todos los demás, no sepamos qué puede traer. Es bueno, sin duda, porque significa una toma de conciencia de lo que se es y de cómo, unos memos, han convertido el país en el puerto de arrebatacapas. La reacción será, en fin, la que tenga que ser. Yo sólo deseo que no llegue la sangre al río.

Lo que yo no llego a explicarme es cómo, en casi todos los medios de comunicación, se habla de los derechos de los animales. ¿Acaso los animales pueden ser objeto de derecho? Si eso es así, ¿por qué no los virus?, ¿por qué no las bacterias? ¿A qué andamos a cada momento haciendo sufrir tanto a estos bichejos a base de banderillearlos y picarlos con antibióticos y retrovirales, acabando por darles una estocada mortal en el mejor de los casos? Y si los toros son un espectáculo sangriento tendremos que acabar por finiquitar los hospitales que, al fin y al cabo, son un lugar público, subvencionado con nuestros impuestos en los que, unos artistas, se dedican a fenecer todo tipo de bichejos infecciosos. Si hay derechos los hay para cualquier animal, si no, no existen los derechos de los animales.

Si Ulpiano levantara la cabeza se liaría a tortazos con todos estos idiotas. La palabra idiota es el mejor de los resúmenes para calificar esta situación y a sus protagonistas.

Zapatero, aquel atontado que se dijo con sorpresa un día: "¡Sonso, estoy aquí! ¡Adivina, soy el presi!", se ha sacado de la manga todo esto. Aunque no tiene ni ingenio ni inteligencia lo tenía muy fácil pues, él, sólo quería su sillón, lo demás le daba igual, los demás le daban igual y así es muy fácil gobernar, al menos mientras tiene la llave de la caja. Es un tipo que habría que juzgar por alta traición, por maldad absoluta al intentar enfrentar a los españoles y por arruinarles para muchos años.

El hecho de que haya memos como él, que le apoyan, de esos que antes gritaban aquello de la "tierra para quien la trabaja" y se la robaban a sus legítimos propietarios, ahora tienen que conformarse con que, Eolo, sea dueño de todo. Y va y se conforman, y es que, ser de izquierdas es ser humanamente estrecho, ser hombres de ronzal, porteadores del "sí, bwanna", colectivistas socios de los nacionalistas que siempre son colectivistas, gentes necesitadas de consignas y argumentos escasos, pesebreros con prohibiciones que siempre les son gustosas.

Barbaridades y barbaridades y luego, estos tipos, piden que, cuando la gente se da cuenta y empieza a reaccionar a sus barbaridades, lo hagan con un "por favor, usted primero".


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