jueves, 12 de agosto de 2010

EL GOTEAR DE LA CLEPSIDRA DE CRONOS.

Tiempo de vacaciones; tiempo, cuyo pasar, suele doler algo en algún sitio. Verano para recordar veranos que ya no volverán: veranos de las flores, veranos del amor, signos vistosos ambivalentes y utopías incumplidas y falsas.

Después, la juventud, fue un dolor y, poco a poco, el diablo, se soltó de sus cadenas y fue transformándolo todo otra vez. El Flower Power y Lobsang Rampa se convirtieron en simples muñequitos de gominola agridulces y muy pocos lograron adivinar su engaño. Muchas campanas, en medio de todo ello, empezaron a tocar contra Dios y, hoy, aún siguen, incluso han aumentado.

Los Santos Padres recomendaban combatir a los demonios no prestándoles atención alguna y no dándoles crédito, pero qué hacer ahora que, sueltos, andan gobernándolo todo y han logrado que, demasiados, perpetren ese pecado para el que no hay confesionario que valga, que supone el transformar lo bueno en malo y lo malo en bueno.

Pruebas de todo esto las hay ya en abundancia. Por ejemplo, se puede hacer el pequeño ejercicio de seguirle la pista a la alianza del progresismo, el nacionalismo y el mahometismo.

Cuanto más fuerte es esa alianza y más se va extendiendo, más parece molestar Dios. La naturaleza acaba no pudiendo soportar esa ausencia y, la misericordia, enseguida suele ceder el testigo a la justicia.

El tiempo parece haberse acelerado sensiblemente y cualquiera que ronde los treinta años puede verlo con total claridad. El lento gotear de la clepsidra de Cronos es ya un chorro; sólo hay que echar la vista atrás a los últimos diez años.