viernes, 19 de noviembre de 2010

LISA Y LLANAMENTE: “SED DE SANGRE”.

Si hay posibilidad de matar gente, allí estará siempre la izquierda en primera fila. ¿Por qué? No se sabe, debe de ser algún secreto que aún ningún izquierdista ha revelado por falta de permiso de Pedro Botero. Suelen tener certezas de todo cuanto exponen ―generalmente imponen―, aunque en la inmensa mayoría de los casos, esas certezas, son simple fiducia de Satanás. No hay nunca argumentos, aunque ellos sólo hablen de la razón y los argumentos. En este sentido doy una simple recomendación: no os molestéis nunca en saber cuáles son los razonamientos y argumentos de un izquierdista; pedidles mejor su papelito de consignas, es la única manera de poder salir de su lado sin apenas moraduras: corriendo siempre, claro.

Ellos son siempre pacifistas, es decir, violentos en sus reivindicaciones; jamás son pacíficos. Son siempre mentirosos y andan siempre a la búsqueda de enemigos que agredir con toda su injusta retahíla de  correcciones políticas que es lo más útil que ha encontrado para librarse de la conciencia.

Ahora se trata, dice Rubalcaba, de evitar el sufrimiento a todos los seres que nos movemos en este valle de lágrimas ―siempre han tenido, y tendrán, infinidad de sujetos en los que llevar a cabo sus tropelías― y, para ello, pretenden imponer la eutanasia, aunque, como siempre, cambiando el nombre. Si el mentiroso este dijese verdad harían todo lo posible por instaurar un mayor número de equipos de cuidados paliativos por ejemplo, o no se gastarían la pasta en sandeces y mejorarían el resto de la sanidad, o trabajarían para que no hubiese tanto desesperado en el paro a punto de suicidarse. Y ahí está el asunto: pretenden que sean los sanitarios los que les resuelvan el problema de las pensiones, que toda persona mayor de la edad que sea ―vejera irreversible y que siempre es terminal, antes o después, pues nunca se va a poder recuperar la lozana juventud― salga del ingreso más nimio siempre con los pies por delante.



Tremendo el reportaje del semanario ALBA ―el número pasado inmediato― sobre la legalización del asesinato de niños. Seguramente será la siguiente propuesta de la Pajín y su ayudante la Aído para evitar que las madres acuchillen a los hijos en el cuarto de baño y puedan hacerlo, con más seguridad e higiene, en algún matadero habilitado. Sólo ver lo que está sucediendo en Méjico y Argentina es realmente horroroso. Claro que, desde que el proceso industrial del aborto empezó en la URSS y, luego, poco a poco, todo el mundo comenzó a admitirlo con toda la naturalidad, el Gulag, Auschwitz, Pol Pot, Ruanda, Cuba, Chavez, el Islam… ya no son sociedades extravagantes, ni lugares concretos y remotos, ni situaciones chocantes y raras. Nos hemos convertido, con toda la complacencia, en solícitos obreros de todas las monstruosidades que --decíamos-- nos horrorizaban no hace tanto.

Como, lisa y llanamente, de matar se trata, ya sea mediante el odio de clase, o el arbitrario manejo de la edad, los conjuros de adivinadores enciendecirios que saben del futuro, o si se ha nacido aquí o allá, o la raza, o la ideología, o qué religión es la mala… han traído esos horrores a la puerta de nuestra casa. Convivimos con la misma naturalidad con el horror que un miliciano del Frente Popular matando católicos, que un nazi gaseando judíos, que un bolchevique eliminando enemigos de clase a montones o Mao culturizando a millones de chinos a base de enseñarles los más bellos monumentos en el camino del viaje al más allá.

Es la lucha de siempre, idiotas, que diría alguno. Los papanatas, los necios, los vacuos, los majaderos, los ignorantes, engañados por los malos, jamás se darán cuenta de que, ésta, es la lucha de siempre: la lucha entre el bien y el mal, entre la vida y la muerte, entre la verdad y la mentira, entre la libertad y la esclavitud, entre la justicia y la injusticia… Y no hay paz mentirosa y zapateril posible, ni mantra bajo el árbol, ni más ansia infinita de paz que el coger la espada para luchar contra la maldad, la muerte, la esclavitad, la mentira, la injusticia: "No os doy la paz como la da el mundo". "No he venido a traer la paz, sino la espada". ¡Bendito sea Dios!

Quieren, ahora, volar la cruz del Valle de los Caídos. ¡Claro, saben muy bien contra Quién les han mandado luchar! ¿Cuáles son las razones de alguien que es capaz de fusilar la imagen del Sagrado Corazón? No saben, como sabemos los católicos, que las imágenes, lo primero que comunican, es su limitación. Buscan a Dios para matarlo: habitualmente lo encuentran y lo matan, aunque no lo saben.
Una vez instalada la corrupción absoluta en el poder, mediante la maldad y la estupidez, el totalitarismo, la aberración y la muerte aparecen automáticamente. Entonces sólo hay dos alternativas: la esclavitud o la lucha por la libertad.





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