lunes, 27 de diciembre de 2010

EL DIABLO Y EL INFIERNO. LA FALTA DE FE, EL MIEDO Y LA APOSTASÍA.


He añadido a posteriori la esquela adjunta para el día de los Inocentes. La he tomado de la web infocatolica.com.
Para este importante asunto había pensado realizar una nueva entrada pero, el aborto, es especialmente querido por el diablo y todos sus acólitos.
El contenido de la entrada a la que alude el título sigue tal y como fue subido en su hora, nada ha cambiado excepto este comienzo. Mil perdones por ello a quienes se hayan visto afectados por este añadido.

*  *  *


Desgraciadamente hay muchos católicos que no creen en el diablo ni tampoco en el infierno. No sé cuál es la razón, aunque es posible que sobresalga por encima de todas las demás el miedo. Es también un signo de modernidad, por lo visto, el desechar esta creencia y, también, signo de buenismo, de considerar que Dios es misericordioso y que no le importa lo más mínimo cometer injusticias e ir en contra de su propio parecer al habernos creado libres.

Sin embargo, el infierno y Satanás, están en las Sagradas Escrituras como todo lo demás, ratificando que, el mismo Cristo, nos habla de todo ello en varias ocasiones.

Hay incluso curas que no creen, que predican como si no existiera el infierno ni los demonios. Son dogmas de fe, que tampoco son tantos ―los dogmas, digo, pues demonios hay muchos―, y quien no cree en el infierno ni en el demonio se puede decir con toda propiedad que no es católico, aunque sea cura u obispo e, incluso, cardenal. Esto debe quedar bien claro. Hasta he oído a un cura predicar bajo un crucifijo con un Cristo especialmente doliente, que el dolor no sirve para nada. Por los visto, Nuestro Señor, nos salvó a base de daikiris tomando el sol en una playa del Caribe. En fin, no es cuestión de poner demasiados ejemplos para ratificar lo que no sólo dice el Papa, sino que ya lleva ocurriendo desde hace décadas: que el enemigo más terrorífico de la Iglesia no está fuera de la Iglesia sino que está dentro y tiene un nombre: APOSTASÍA.

Habría que empezar por leer, no sólo a Juan Pablo II y a Benedicto XVI, sino que deberíamos empezar a leer desde, al menos, León XIII, pasando por San Pío X hasta nuestros días. Desde entonces se está avisando de ciertas graves cuestiones. Lourdes fue un aviso, lo fue Fátima y ahora lo es Medjugorje (este último está en estudio y todavía no ha sido reconocido oficialmente). Hay otras muchas apariciones de la Virgen, pero estas tres parecen resumirlas todas. La Virgen, como es natural, nunca se contradice.

La tensión dentro de la Iglesia se ha hecho mayor ―mayor la apostasía de la que ya nos hablaba san Pio X en la Pascendi― a raíz del Vaticano II. Pablo VI vio el humo del infierno dentro de la Iglesia y murió con un gran pesar en su corazón. Aquel Concilio que sólo pretendía renovar o vivificar algunas cosas dio lugar a interpretaciones tan falsas como terroríficas, vease la Teología de la Liberación ― si una teología no es liberadora no es teología por mucho que se empeñen algunos, así es que no sé a qué la redundancia progre― que no era nada más que un cebolla en la que, su núcleo crístiano, estaba envuelto en infinidad de capas de falsedad y horror. Juan Pablo II, con la inestimable ayuda del cardenal Joseph Ratzinger, pudo desmontar aquel entramado de mentira y horror dentro de la Iglesia. Los dos se han empeñado en desmontar el historicismo de muchos y volver a las fuentes de la historia y no a los inventos, al verdadero Cristo, a la verdadera teología. Sin embargo, el diablo, insiste y nunca hay que bajar la guardia.

Aquel Concilio se caracterizó por la "Renovación y la Tradición". Pero hubo algunos que no acabaron muy convencidos de esto. Los modernistas, negadores de los dogmas que no se pueden, de ningún modo, deshabiliar, han llegado a la herejia y a la apostasía. Y los tradicionalistas, aunque su doctrina nunca fue herética, sí que llegaron, algunos, a desobeceder al Papa, reiteradamente, razón por que se llegó, incluso, a la excomunión.

Volviendo al tema que nos ha traído hasta aquí sólo decir que hay muchos que dicen creer en Cristo pero no en su Iglesia, ni en el infierno, ni…, pero, ¿cómo se pueden decir tantas tonterías?, ¿cómo se puede decir que se cree en Cristo pero no en el infierno? ¿A qué narices vino, entonces? ¿Cómo fue tan tonto de dejarse clavar en una cruz? ¿Para qué? ¿De que nos quería salvar que no fuera el infierno? ¿Si gracias a Dios después sólo hay cielo qué necesidad había de redención? El que dice que no hay infierno puede que lo haga por miedo, pero está diciendo que Dios es idiota y, de Dios, nadie se ríe.

Al hablar del infierno hay, verdaderamente, muchos libros que podría recomendar, quizá lo haga algún día. Los escritos por exorcistas verdaderos son realmente fascinates. Por ahora sólo voy a recomendar  tres cosas que os dejo aquí (en la columna de descargas a la derecha): El primero es un audio titulado "El exorcismo de León XIII", el segunde es un documento PDF de un libro aún no publicado en España, titulado "Un exorcista entrevista al diablo", apenas son sesenta páginas y, el tercero, el impresionante testimonio de la doctora colombiana Gloria Polo, digno de escucharse diez o doce veces.

No hay comentarios: