martes, 14 de diciembre de 2010

GOLPE DE ESTADO.

― El caso es disimularlo, claro. Me ratifico, desde luego, en el espíritu que destilan las dos entradas anteriores. Me dio mucho miedo el otro día y cada vez me da más miedo, así es que echemos mano del humor.

― ¡Pues, sí, amigo! Los tontos nunca actúan sino con toda la frialdad del mundo. Para cuando llegan a realizar algo lo tienen todo absolutamente pensado, no en demasiada profundidad, claro, pero sí en lo que ellos conciben como todo un plan o, para su ego, todo un planazo.

― Así es. Con leyes tan bestiales, sanguinarias y aberrantes que favorecen el aborto y la pildorita revienta-nonatos pretenden quitar de línea y cariacontecer a quienes peroramos, a diestro y siniestro, que, el dejar el poder en ciertas manos, es tan peligroso como dejarle una Magnum cargada a un etarra. Con tal barbarie, más que preguntas y protestas pretenden cerrar las bocas.

― Digo yo que un golple de estado no es arrearle una coz en la barriga a una embarazada aunque, semejante barbaridad, sea igual de grave o más. La libertad no la da nadie, sólo Dios; y no es ningún derecho sino una obligación.

― ¡Gran verdad es esa, querido amigo! ¡Anda, pero si no hay nadie por la calle! ¡El PP debe de estar pidiendo explicaciones!

― ¿Para qué? ¿Y si no se las dan? ¿Y si le pegan una coz en la barriga?

― Se dolerán y dirán que ellos no lo harían, que son más civilizados. Esperarán a que el poder les caiga como fruta madura.

― Para cuando tengan el poder no sé qué les va a quedar para mandar.

― A lo mejor, para entonces, no hay ni poder.

―Pues, mientras revienta todo, ¡ponme otra caña!

― Ya no se puede beber, ni fumar, ni comer lo que te dé la gana. Tampoco sirve el diccionario de siempre ni las cosas son como son, sino como esos tontos dicen. O haces lo que mandan o se te cae el pelo, te militarizan o te asesinan por tu bien.

― Eso no es democracia.

― Ni lo saben ni les importa.

― ¿Golpe de estado, decías? ¿Cuánto tiempo hace de eso?

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