lunes, 17 de enero de 2011

BARES SIN HUMO, BARES VACÍOS.

He de empezar diciendo que no fumo y, luego, debo seguir diciendo que me voy a morir igual, que no voy a vivir para siempre. Desde luego, como no soy ningún borde ni ningún cabrito, no toso de mala leche cuando veo a alguien fumar. No recomiendo que se deje de fumar, recomiendo que se fume menos para que no haga daño. No soy tan cabrón --no encuentro expresión más certera, lo siento-- como para que me moleste ver que la gente disfruta.

Este fin de semana he recorrido bares, la mayoría por fuera para disfrutar un poco del agradable olor a tabaco. Casi todos los bares estaban vacíos. El sábado entré en uno de esos bares, en los que rara vez se puede entrar por causa del gentío y, este sábado, pude hacerlo. Estaba yo solo, claro, con el camarero que tenía una cara de aburrimiento con mezcla de desesperación y rabia que casi me estremeció. No tuve valor para pedirle explicación ni le hice comentario alusivo alguno. La vitrina de los pinchos estaba vacía. Por lo visto ya llevaba varios días sin apenas vender un camarón. Pedí una Coca-cola "zero", porque, el azúcar, mata más rápido y más sibilinamente que el tabaco. No quise comerme un solitario torrezno que había en la vitrina porque, el colesterol, mata mucho más sibilinamente y rápido que el tabaco. Tampoco me dio por echarles un vistazo a los periódicos, al fin y al cabo en todos ellos había fotos del Zp, del Rubalcaba, de la Pajín… algo muy poco sibilino y que mata de veras y con toda la trompetería, aunque legalmente. Me pregunté, igualmente, cuál iba a ser la bajada en la venta de periódicos, de huevos, torreznos y camarones; de refrescos, vinos, cervezas y demás…

Todo se está muriendo, no hay esperanza, hasta el PP ha votado a favor de esta ley y que, aunque su apariencia tiene el informe aspecto del humo, no consiste en otra cosa que en darnos gato por liebre, cargarse la libertad de los pequeños empresarios del sector hostelero y su hacienda por la excusa engañosa de la salud pública. Nos han colocado en una jaula por nuestro bien, a causa de un futurible. Desgraciadamente el PP está en el ajo, no sé si por ingenuo o por decididamente necio.

Estos efectivos fabricantes de errores ya no necesitan obrar de modo encubierto y mediante el engaño, lo hacen bien a las claras mostrando su faz que, poco a poco, se está volviendo más terrorífica. Ya no me hacen gracia las ignorancias del ZP, la dislocación mental de algunas ministras, ministros y ministres… Lo más terrible no es que tengamos una clase política putrefacta, malvada e ignorante en un lado y medrosa en el otro, el auténtico problema es que la sociedad está todavía peor, casi sin excepción.

Aquí está el problema. Rajoy no va a cambiar nada, ya lo ha dicho. Las leyes que el tribunal corrompido de la señora Casas ha dicho que son constitucionales, como esas que han consagrado que los españoles no somos iguales ante la ley ―depende de dónde vivamos― y que, mucho menos lo somos los españoles y las españolas, se han cargado literalmente el estado de derecho y a España como nación, Rajoy las va a respetar por venir de donde vienen. Desgraciadamente eso le he oído. Escuchará a la gente y volverá su cara sonriente sólo a tres supuestos, o los que sean, del aborto para que algunos puedan seguir asesinando nonatos y forrándose sin necesidad de renunciar a su infernal vocación. Va a contentar a los que nunca se contentarán con nada y que le echarán del poder a base de delincuencia callejera, cócteles molotov y adoquines.

Dice Rajoy que miremos al futuro, que no sabemos dónde está, y que no miremos al pasado que, al fin y al cabo, es lo que nos constituye y lo que somos. Que seamos, en definitiva, buenos peones a la manera descrita por Huxley o por Orwell. ¡Qué manera de hacerle el juego al colectivismo!

Este colectivismo es de dos clases y, esas dos clases, siempre van juntas. Uno es el que, proveniente del Talmud judío, ha llegado a nuestros días a través del Islam, el protestantismo y la masonería. El otro es, literalmente, producto de éste y es el colectivismo moderno: socialismo,comunismo y nacionalismo. Lo que se pretende es la transformación del hombre en algo menos que humano. Se habla por un lado del homo racionalísticus y, por el otro, del homo económicus. Se pretende desterrar al hombre verdadero, al hombre de cuerpo y alma.

Rajoy, parece, ha renunciado a este hombre, el único capaz de mejorar, el único capaz de construir un mundo de mayor justicia, de mayor verdad y libertad. Rajoy ha olvidado su catolicismo. Como Zp, sólo quiere racionalismo y, por tanto, irracinalismo a tope; cuerpos sanos, sanísimos, que no tienen más dignidad que esa sanidad y que, por lo tanto, enseguida se transforman en desechables. Rajoy se ha olvidado del espíritu, por tanto de la razón que hace que reine la verdad y por tanto la libertad. ¡Hágame el favor de no mentir para llegar al poder! ¡Llegue usted, señor Rajoy, con lo suyo, con sus mimbres! ¡No se traicione! ¡No provoque nuestra vergüenza ajena! ¡Queremos votarle!

Mucho me temo que a lo único que llegaremos será a la violencia. La izquierda ha sido violenta siempre y, en España, mucho más atroz esa violencia que en ningún otro sitio. No voy a recordar los años treinta, pues la gente ya va sabiendo lo que fue aquello y lo que hicieron. Modernamente llegaron al poder en el 82, después del 23F, en gran parte cosa suya. Lo volvieron a recuperar en 2004 después de mucha violencia callejera, un atentado del que aún no sabemos nada, y el asalto a trescientas sedes del PP. Ahora, como jamás han sido respetuosos con el resultado de las urnas, vuelven a las calles y ya, a las claras, están apaleando a los del PP. El caso es que la violencia siempre les ha encantado, los piquetes informativos de sus sindicatos particulares que tenemos que pagar todos, siempre dejan sus textos informativos marcados en la cara y, el terrorismo que hemos sufrido y que sufrimos, aunque ellos le llamen fascista ―no se equivocan en esto pues el fascismo es de origen socialista y colectivista― siempre ha sido de izquierdas: GRAPO, FRAP, ETA. A menudo pactan con ellos y, públicamente, han llegado a justificarles. Pero el que crispa es el PP, cuyo silencio parece un pollino asentimiento.

Y encima, ahora, nos llega la puntilla para nuestras libertades y la imposición clara del totalitarismo con una nueva ley, supongo que postrera ocurrencia de la Pajín, que de momento se titula "Proyecto de ley integral de igualdad de trato y no discriminación". Según dicha agudeza molona ningún idioma podrá ser discriminado excepto el ESPAÑOL. No digo nada si a alguien le llamamos
gordo, aunque será infinitamente peor que digamos gorda, o fea, o lo que sea. ¿Cojen ustedes el matiz de la "no discriminación e igualdad de trato de la Pajín"? Dentro de poco todos con mascarilla por la calle, ¿quizá para no contaminarnos y estar sanos? ¡No! ¡Para no ir a la cárcel!

En fin, que hay que callarse, esconderse para fumar, estar sanos por obligación, llamar guapa a la Pajín, sabio e inteligente, aparte de santo, a ZP. Se hará obligatorio, quizá,  adorar a Michael Jackson en su burbuja y con su mascarilla, porque, además era musulmán, como casi todos los negros de los USA.

Defiendo la vida por encima de todo y odio que intenten cercenarla en cualquier momento y de la forma que sea. Estoy contra el suicidio y por tanto contra quien se fuma dos cajetillas de tabaco al día, o se bebe dos botellas de vino al día, o se come siete bocadillos de tocino al día, o se merienda, a diario, media pastelería. Sin embargo me encanta que alguien se tome un tinto acompañando a un torrezno y que de postre se tome un dulce. También me gusta verle, después, en el mismo bar, o quizá otro, tomándose un café y disfrutando de un cigarro. Son cosas de la vida y son cosas buenas, aunque el consejero o el ministro del ramo quieran prohibir la vida, porque es la vida lo que prohíben. Que nos insulten llamándonos viciosos por decreto, es algo que nos debería llevar a las calles, aunque no del mismo modo que lo hacen la izquierda y los islamistas. En fin, la vida es maravillosa, indispensable, pero es ella la que nos lleva a la tumba. Defiendo la vida, ¿cómo no voy a defender que se disfrute de ella?
Alguien dijo que "no se hizo el hombre para el sábado sino, el sábado, para el hombre". Luego le llamaron comemierda y borracho los consejeros y ministros de la época. Ahora que esta democracia le ha expulsado y ha colocado en su trono a su enemigo más feroz y más antiguo, vuelve a ser, con toda la lógica, el hombre para el sábado. El hombre esclavizado por la ley que, por supuesto, ya no puede ser justa, sólo cada vez más disparatada y antihumana.

Me da que ya no hay solución, no hay reforma ni cambio que valga. El sistema ha sido corroído por virus, gusanos y troyanos de todo tipo; está inservible. Hay que formatear y volver a cargar el sistema de nuevo; habiendo aprendido de los errores.

2 comentarios:

Alacaída dijo...

Magníficos razonamientos. Espléndida redacción.

E.C.A. dijo...

Muchas gracias, Alacída. Un saludo.