sábado, 19 de febrero de 2011

MULTICULTURALISMO O PURGAR ESPAÑA DE RENEGADOS Y FELONES.

Estos días se ha hablado del fracaso del multiculturalismo. Lo han hecho Merkel y Cámeron en el sentido de que "visto lo visto, la cosa, ha fracasado". Lo grave es que haya habido, en estos tiempos, algún memo que haya creído que, eso, tenía alguna posibilidad. Los cristianos de España, es decir, los españoles, lo intentamos durante ocho siglos. No es que durante ocho siglos estuviéramos permanentemente en guerra, no, podíamos haber terminado la Reconquista muchos siglos antes. Los españoles anduvimos entre pulsiones y repulsiones intentando permanentemente una convivencia multicultural; si se quiere, una estúpida "alianza de civilizaciones"; eso sí, sin bajar la guardia, sin ser tan idiotas como estamos demostrando serlo ahora. Fue imposible.

Lo que debe imponerse es el sentido común, aunque el problema es que "con el socialismo hemos topado" en esta España casi finiquitada. El socialismo huye del sentido común como alma que lleva el diablo; no en vano enarbolan aquella opinión de Marx que decía que "el sentido común es un instrumento de la clase dominante". Es una de esas superestructuras que hay que eliminar como sea. Cuando topamos con el sinsentido siempre anda por detrás el socialismo y sus acólitos.

Hoy, por desgracia, parece no haber otra cosa que la vinculación producida por la necesidad económica, todo lo demás se debe encasillar en el relativismo cultural más ciego y engendrar una comunidad de comunidades o alguna estúpida cosa parecida. También es cierto que, por cobardía, hay muchos ámbitos en los que se ha optado por el multiculturalismo para eludir la acusación de racismo, pero se llega así, casi siempre, al más atroz irracionalismo.

Quizá todo empezó como un medio para liberar a las mujeres, a los gays, a los negros y otras minorías del yugo atroz y de las tropelías machistas, o aristocráticas, o de la Iglesia, o de los que no eran de izquierdas y revolucionarios (este último es el mejor resumen) y les ha llevado (a los revolucionarios) a la conclusión multicultural. Sin embargo, y como era de esperar, todo ha acabado por dejarles prisioneros de sus grupos identitarios e ideológicos. Es decir, no conciben más ideología que la suya o su contraria (esta no saben bien cuál es), no conciben que los otros hayan podido liberarse de la ideología y tengan ideas sobre las cosas, la vida…

Si algo está prohibido en la historieta esta del multiculturalismo y de la alianza de las civilizaciones es la existencia de principios y valores; lo único que se puede proclamar es la tolerancia, pero, ¿cómo se puede ser tolerante si nos faltan principios, si no tenemos valores? Es estrictamente imposible. Les ha dado por creer que la tolerancia es falta de convicciones (por supuesto odio a la verdad y a la realidad) y, en esa creencia, llegan con toda facilidad a la indiferencia en todos los extremos de lo humano: el hombre es un animalito más, a no ser que, el animalito en cuestión, sea muy bello o esté en peligro de extinción, en cuyo caso, el hombre, es menos. De hecho acaba siendo siempre menos porque lo ven como una alimaña para el medio ambiente según el grado de presión antrópica. Ese grado sólo puede ser determinado por ellos e, indefectiblemente, siempre es excesivo.

El socialismo tiende a nivelarlo todo siempre por el lado equivocado. Abjuran de la igualdad ante la ley y proclaman la igualdad mediante la ley. Y es mediante la ley como nos llegan las prohibiciones, la nivelación en la ignorancia, la nivelación en la pobreza, la nivelación en la muerte. En caso de existir la democracia, llegado a este estadio (en el que estamos), es meramente aparente y, con semejante igualación, siempre aparece aquello que, Polibio, denominó oclocracia, es decir, gobierno de la plebe. En ese estadio, como mucho, sólo existe la libertad de votar a los que se te ha ordenado que votes, y has de saber que te roban y te matan por tu bien, para que estés bien, para que todas tus necesidades estén satisfechas y no sufras. Muerto el espíritu humano, que es la esencia de todas las pretensiones del socialismo, ya nada es posible. Lo primero que suele caer es la valentía, ese es el primer síntoma del principio del fin.

Eso es el multiculturalismo: cobardía. También ignorancia en alto grado, por supuesto, y una gran dosis de consensos éticos sin un solo miligramo de moral. ¡Ah! ¡Y la mentira! Ésta adquiere la forma, en este caso, de la igualación de todas las verdades (no suelen serlo casi ninguna) para que no destaque la verdad verdadera. Se mete todo en una túrmix y sale una cosa bastante maloliente. Entonces no queda más remedio que aplicar aquel lema jipi de los sesenta con el que todo queda recompuesto y coherente: "mil millones de moscas no pueden equivocarse, comamos mierda". Esa es la democracia multi, chipén, progre, chachi…

Se ha perdido el sentido común, como pedía Marx, y no ha quedado otra clase dominante que la plebe con su innata tergiversación de la realidad, su ignorancia, su maldad refugiada en el número. Decía el libro de la Sabiduría: "he visto un gran mal en este mundo, he visto al príncipe a pie y al siervo a caballo". Eso es lo que estamos viviendo, la alteración de todo, el falseamiento de todo. Se quiere matar la inteligencia y el espíritu, se quiere extirpar la mente. Proverbios: "Cuida tu mente más que nada en el mundo, porque ella es fuente de vida".

El multiculturalismo, en resumen, supone proclamar con toda la boca una sociedad abierta, pero compuesta exclusivamente de un montón de pequeñas sociedades cerradas.

Al que haya llegado hasta aquí le diré (como resumen y tarea) lo que decía Manuel Machado en "El Cid": "purgar España de renegados y felones".

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