miércoles, 28 de septiembre de 2011

EL JMJ COMO RATIFICACIÓN DE LA ENGAÑIFA DEL 15M.


Vuelvo a decir que, eso del 15M es, ahora, lo que era cuando empezó. Quizá haya empeorado en mis consideraciones, si eso es posible.
¿Y qué era y es eso del 15 M?: el miedo a perder el poder de la izquierda; el miedo a que, España, se regenere; el miedo a que, el delito, vuelva a considerarse como tal; el miedo a que, los tontos, dejen de serlo; el miedo a que, la enseñanza, convierta a los españoles en sabios o, al menos, los ponga en el camino de la sabiduría; el miedo a que se descubran todas las engañifas a que, la izquierda, ha sometido durante muchas generaciones a esta sociedad; el miedo a que, la gente, despierte; el miedo a que la gente exija verdaderamente sus derechos de ciudadanía y de personas; el miedo a la vida, a la justicia, a la libertad…
Las propuestas del 15M que tenían algún sentido no eran otra cosa que lo que, los españoles de bien, llevan pidiendo muchos años. Alharacas, aspavientos y todo tipo de desmesuras no convierten las apariencias en verdades de nuevo cuño que le sirvan electoralmente a un "mortadelo" de nombre Rubalcaba.
La JMJ ha acabado por dejar bien a las claras lo que verdaderamente eran : eran amigos y dependían de quien dependían; abrevaban donde abrevaban, o mejor dicho, trasegaban y, por supuesto, cualquier alternativa al amo era horrorosa, espeluznante, pavorosa, siniestra, tremebunda… Pero, aun hablando de la JMJ, esto era sólo política o, mejor dicho, politiquería. Cuando dos millones de jóvenes, llevando el estandarte de Cristo y encantando no sólo a una nación, trazaban los caminos de España hacia Madrid empezaron a inyectarse en sangre algunos ojos: nada hay más espeluznante, execrable, repugnante, tétrico, inhumano, aberrante y cruel que Cristo y su Iglesia, empezaron a decir de todos los modos que saben, mejor dicho, del único modo que les es posible.
He visto la imagen de un tipo con un rostro tan deformado por el chillido que profiere —cual cochina recién parida—, contra una joven horrorizada, que se refugia en la cruz que lleva en su mano, que es capaz de ilustrar un tratado sobre posesiones demoniacas. Por lo visto, según he leído por ahí, el tipo en cuestión berreaba como el dragón antiguo que "¡nosotros somos racionalistas y creemos en la razón!". Más que provocar preguntas lo único que intentan es tapar las bocas, no he visto en los días de mi vida una cretinez tan grande como semejante frase.
Es probable que aún estemos en tiempo de misericordia, pero con la visión clara de que es posible que no vaya a tardar mucho el tiempo de la justicia. Entre una y otra es muy posible que haya que echar mano de los exorcismos.

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