Puede ser discutible, que el del PP, sea un gobierno
alternativo. Ya lo iremos viendo.
Hay algo muy claro: no será el tema económico lo que nos
pueda hacer ver si es un gobierno alternativo o es mera alternancia. Sin duda,
muchos estamos convencidos, y la experiencia así lo demuestra, que, el PP, está
mucho mejor capacitado para la gestión pública que el PSOE. Está claro que es
infinitamente menos corrupto que este último pero su complejo cultural le
impide decir que fueron precisamente ellos, los conservadores, los que se
inventaron el Estado del Bienestar y
otras muchas cosas. Desde luego no suelen estar tanto por la retórica como por
poner manos a la obra calladamente y con eficacia.
El PP parece creer que la retórica —y no tan retórica— molesta
a los electores que prefieren, sobre todo, mirarse al bolsillo. Puede que, en
cierto grado, todos hagamos esto, pero hay cosas que no pertenecen a la
economía y que son precisamente las que nos distinguen como país y como
personas. Sin un país, la economía fluctuará —en ondas cada vez más cortas—
como pastel de gelatina transportado a lomos de Yak por las pendientes del Himalaya.
Sin un país cohesionado no será posible una economía recuperada y estable.
Para tener un país cabrá preguntarse por los estatutos
diversos, por las nacioncillas, por los nacionalistas. Habrá que preguntarse
por sus símbolos, por su idioma, por la verdad de su historia…
Pero un país no existe sin personas y, las personas lo son
en la medida en que puedan ser libres y ejercer como verdaderos ciudadanos.
Para empezar se les tiene que dejar nacer y vivir. Una persona tiene que tener
seguro —por ley— que nadie le va a matar antes de nacer, o antes de proferir su
primeras frases, o antes del uso de razón, o antes de ir a la universidad, o
cuando empiecen a deteriorársele algunas facultades o el aspecto. En cualquiera
de estos casos, y otros muchos que se nos puedan ocurrir, su asesinato debería
ser prohibido ipso facto y castigado con la mayor contundencia. Por el momento,
el PP, no es alternativa.
Para que el vil asesinato no tenga argumentos —y puedan
existir ciudadanos libres y dignos— habrá que empezar por muchos lugares a la
vez. Junto a lo dicho en el párrafo anterior, no pactará con terroristas en
ningún grado y se acogerá a las víctimas como propias pues, su sangre martirial,
ha afianzado una España eterna que,
cuando sea menester, se ha de mostrar acerada e indestructible y que se
regenerará como el rabo de una lagartija. ¿Sería mucho preguntar por María San
Gil, Ortega Lara, Mayor Oreja…? Por el momento, el PP, no es alternativa.
Hay pequeñas cosas cotidianas que hablan de libertad sin
más: poder fumar en mi
establecimiento si a mí me da la gana porque es mío y arrostrando con ello las
consecuencias de clientela que ello conlleve; beber si me da la gana, sobre
todo vino, que no es nada malo; comerme una hamburguesa si se me pone, aunque
sean mucho mejores las chuletillas al sarmiento… en otras palabras, dejar en
paz al ciudadano. Que mueran los dictadorcillos pasionales y cotidianos. De
momento, el PP, no es alternativa.
Para la existencia de un país, y de unos ciudadanos que lo
conformen, en fin, se necesitan otras muchas cosas: restaurar la verdad de ese
país aniquilando la mentira histórica; sustituyendo la educación —cosa sólo
para los padres— por la instrucción y mandando al cuerno asignaturas como EPC y
las diversas Formaciones del Espíritu Nacionalista de muchos terruños;
unificando esa instrucción y haciendo que los españoles sean iguales ante la ley…
Por el momento, el PP, no es alternativa.
Para que exista un país, se necesita la
recuperación de instituciones como el matrimonio, que no sea legal el repudio;
que no se permitan atentados contra la vida, contra las instituciones y las
leyes por más que haya quien quiera justificarlos con la religión, la opción
política, el particularismo cultural… Que haya una división real de poderes. Que
haya verdadera libertad de prensa, de fundación de medios de comunicación… Por
el momento, el PP, no es alternativa.
Estoy seguro de que la labor en el plano económico, por
parte del gobierno nuevo, surtirá efecto más pronto que tarde, aunque no digo
que la tarea no vaya a ser ardua, costosa y difícil. Es decir, no será un
gobierno de soplagaitas sino un gobierno económicamente serio que se convertirá, en muy poco tiempo, en un chisgarabís de gobierno si respeta —aunque los maquille—
todos los logros sociales del zapaterismo; ya saben aquello de extender
derechos —siempre he dicho que sobre el suelo para poder pisotearlos mejor— tan
caro Zp.
Por el momento, el PP, es la simple alternancia y si esto se
confirma, a no mucho, comenzará una disidencia interna que irá engordando hasta
el punto meter en casa a un par de millones de sus votantes que son los culturalmente
más avanzados en España y que, al mismo tiempo, son los que se movilizan. Sin
alternativa se perderá la mayoría absoluta, que a lo mejor es lo que se
pretende para pactar con los del régimen: nacionalistas y el PSOE cuando se
regenere o se refunde.
Por el momento, los que hemos votado al PP, tenemos la
percepción de que los listos de la clase han sustituido a los más vagos y poco
espabilados, pero no son de otra clase.
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