domingo, 6 de mayo de 2012

JOSÉ MARÍA ZAVALA, EL PADRE SALVADOR Y BRUNO CARDEÑOSA.

 

Velaba mis desvelos la otra noche cuando me dio por encender la radio. Pasé por la SER y andaba allí Iker Jiménez programando una divertida noche en vela buscando ovnis, extraterrestres y aún lo que sea menester cuando, tras un informativo, cambié a Onda Cero. Allí, Bruno Cardeñosa, entrevistaba a José María Zavala, autor de Así se vence al demonio, y al padre Salvador que es uno de los exorcistas con más experiencia y que, al mismo tiempo, es uno de los más importantes protagonistas del magnífico libro de Zavala.

Gracias al entrevistador, que no a los entrevistados, la cosa quedó en una epidérmica entrevista de Cardeñosa que, sin la fe necesaria, se veía impedido para llegar a la altura necesaria y para poder abarcar la mayor parte de los extremos de la sabiduría normal del ser humano, sin querer entrar, por supuesto, en lo que Dios le ha concedido a cada cual. Cardeñosa no podía volar más allá de algún aleteo nervioso, gallináceo… y la cosa dejó de tener interés.

Pero hete aquí que, Cardeñosa, empezó a mentar las grandes barbaridades de la Iglesia, en principio sin concretar ninguna, y, yo, pensé: Ahora saldrán los miles de millones de asesinados por los curas y monjas, la explotación de los pobres, las riquezas de la Iglesia… o algún caso de pederastia en Alemania o Irlanda. Pero no, la cosa era el sermón de monseñor Reig Pla. ¡Tremendo! ¿Acaso no sabe, Cardeñosa –y otros muchos—lo que dijo Reig Pla y lo que siempre ha dicho la Iglesia, sigue diciendo y dirá en el futuro?

Ya sé que los cristianos estamos fuera de onda, de la moda, que no somos de este mundo ni queremos saber nada con su príncipe… pero eso todo el mundo lo sabe… menos algunos. ¿No es el ateísmo la primera influencia diabólica? ¿No es la ignorancia la puerta de entrada al ateísmo? Así es que, claro, llegados a cierto punto ya ni siquiera los libros aprovechan… aunque la caridad no deba dejarse vencer nunca.

Gracias a Zavala y al padre Salvador… e, incluso, a Bruno Cardeñosa que se tiene bien merecida la gracia y, quizá, también la penitencia.

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