jueves, 27 de diciembre de 2012

MATRIMONIO HOMOSEXUAL O EL ABSOLUTO DESPRECIO DE LA MUJER I.



No solo el matrimonio homosexual, claro,  éste solo es un jalón más, pero valga la coyuntura.

Desde hace mucho tiempo ya, casi nadie, habla del bien, de lo conveniente, de lo humano en su sentido más exacto, más natural. Se asume lo políticamente correcto, el mal menor, el estúpido sino de que las cosas tienen que ser de un determinado modo siempre y cuando no sean buenas… porque, lo bueno, es irrespetuoso para con muchos, les molesta, les pone en evidencia.

Se echa a Dios del discurso social porque, por lo visto, Dios, es un extremista peligroso o incluso un delincuente. No debe figurar para, así,  conseguir una especie de neutralidad, de equidistancia, de libertad, de… ¿respecto de qué o quién? Que nadie cometa la estupidez de decir que es el hombre ese quién, porque, el hombre y/o la sociedad andan expectantes para tomar el mando en cuanto se haya hecho desaparecer a Dios. Cuando eso llegue se entronizará al hombre y a sus obras (y se adorarán las obras de sus manos. Esto ya está ocurriendo) con lo que quedará inaugurada la religión del anticristo, pues no es otra su definición exacta.

Y expectantes como estamos para tomar el mando, hemos convertido nuestra época en una especie de momento final en el que campan por sus respetos los nuevos ingenieros, consejeros, terapeutas, psicólogos, coordinadores de lo que haga falta y que son servidores de un puritanismo infinitamente más agobiante que las exageraciones morales que acaso se produjeron en otros momentos. ¿Nadie se ha dado cuenta de que ya apenas hay arte, literatura, oración, amor en estas sociedades de nuestros días? ¿Y qué significa esto? Significa, en primer lugar, que debe producirse una superinflación del soberbio nombre de la “ciencia” hasta que llegue a pervertir la verdad de modo absoluto.

Se habla de revolución para todo y la última verdadera revolución, la sexual de los sesenta, ha acabado en carnicería y cloaca, como todas las demás. Se cree haber triunfado contra el nazismo y el socialismo ─hasta Hitler los había, incestuosamente, metido en el mismo catre en 1941─, pero al abrir Auschwitz, el Gulag y caer el muro sólo se descubrió el horror; intelectualmente era la nada y, por tanto, no se puede derrotar intelectualmente a lo que, intelectualmente, es el vacío. "Nunca tratéis de contentar a los que nunca se van a contentar con nada", decía don Julián Marías. Por eso vuelven esos horrores, aunque solapadamente y a modo de nueva revolución,  y campan por sus respetos. Una mollera vacía es ideal para que vuelva a florecer el convencimiento y la persuasión de lo terrorífico.

Por eso estos tiempos de vacío intelectual, son tiempos de maldad retorcida, refinada, quintaesenciada, de crueldad atroz y sin cuento, de falsificaciones y mendacidades sistemáticas contra la verdad, la dignidad humana y la justicia. Siempre he dicho que las iglesias no están vacías tanto por falta de fe como por falta de curiosidad intelectual.

Es ahora cuando definitivamente parece cercana y posible, por primera vez en la historia, la redefinición del concepto de persona y he de decir que no ha habido ninguna tiranía jamás tan perniciosa para el hombre como este intento moderno que, poco a poco, va teniendo éxito. Una de las claves del éxito de esta pretensión diabólica es que, los políticos, cada vez se ocupan más de nuestras necesidades y menos de nuestros derechos verdaderos. Respecto de esto yo me tengo por un ser cavernario, primitivo; no soy ningún ser evolucionado descendiente de ninguna manada de monos aulladores. Seguro que alguno me llamará intolerante, aunque, respecto de algunas tolerancias… entiendo que hay casas para eso.

El mayor de los engaños es que esta revuelta anticristiana tan tremenda se realiza en nombre de valores y principios cristianos, como si lo que se considera demodé,  lo fuera desde esos presupuestos que se consideran demodés (lo que da cuenta a la perfección del claro suicidio intelectual de los más). Claro que, ni siquiera el ateísmo puede nacer en otro lugar que no sea el cristiano. Hay dioses, que como no lo son, no pueden conceder libertad alguna.

Me sorprendería sin medida, claro, el hecho de que alguien pudiera nombrarme algún otro principio o valor real que no sea, en origen, cristiano. No obstante tampoco dudo de que algunos osarán hacerlo y querrán ponerme en la situación de tener que recibir la absolución antes de morirme de risa.

O cristianismo o caos; y a la elección nadie nos obliga, cada cual elige lo que quiere. Después, el optimismo, o será real o una simple pose para esconder la desesperación. Y de esa desesperación optimista sólo se puede sacar el resultado de que el mal ya no parece el mal y habrá que abrazarse a la “normalidad” como si estos no fueran unos tiempos anormales. En lo fundamental nunca se está acompañado; el gregarismo solo parece protegernos de lo fenomenológico, de lo estadístico, de lo inane.

Por supuesto que, al final, la mujer triunfará, aunque es precisamente la mujer la primera redefinición de persona que la maldad se ha propuesto. Y triunfará la mujer si todos trabajamos para que triunfe, si batallamos contra la mentira, si mostramos que ─como decía el latino─ “mentira est iniquitas sibi” (la iniquidad se engaña a sí misma). Si quedamos expectantes al borde del camino nada subsistirá.

Habrá, pues, que tener cuidado, nada aglutina más y mejor que el odio. El resentimiento hacia la verdad de la mujer es uno de los motores del odio más potentes que existen.

Antes de desarrollar en diversas entradas todo esto, añadir, y sólo para empezar, que la palabra hebrea “misericordia” proviene del término “rohamin” que significa útero. Y está claro que el mundo necesita tanta misericordia como justicia.

Si no decimos las cosas por no ofender, por no significarnos, por no dejar de ser políticamente correctos, por miedo, por no tomar partido y perder una independencia que no sirve para nada lo único que merecemos es el vómito divino, entonces allí “morarán bestias salvajes del desierto, y sus [nuestras] casas se llenarán de criaturas lastimosas y habitarán allí búhos y los sátiros [o sea, demonios] danzarán allí. (Isaías 13,21)

Haced el esfuerzo, si a mano lo tenéis, de visitar un Museo de Arte Moderno o almacén de trastos. No sé si a vosotros, como a mí, os ocurre que no entendéis cómo pueden colgarse en un museo cadaverinas y múltiples espeluznos evacuatorios (muchas de ellos simplemente insultantes) donde en otro tiempo se emplazaban las Meninas o la Ronda de Noche.

Todo parece fruto de un tiempo absurdo que ha entronizado a unos cuantos cretinos en los tribunales (en todos los tribunales). Todo es “flower power y Lobsang Rampa” hasta que aparece Mohamed Atta lanzado en un avión hacia las Torres Gemelas. En ese momento exclamamos: “¡Nos rendimos!”.
¿Qué se puede esperar a partir de ahí? Pues, en primer lugar la ruina, después la esclavitud. Desgraciadamente algunas campanas, incluso, repican contra Dios, otro signo de los tiempos. Hace poco leí la definición que un progre daba de la paz: “la paz, en realidad, no es otra cosa que la convivencia razonablemente civilizada [¡oh, sí, los progres son sublimemente civilizados!] con la fatalidad”. Lo dicho, “¡nos rendimos!”

Hay  quien aún no se ha enterado de que es peor la mentira que la violencia y, una sociedad, que a todas horas anda con proclamas sobre la igualdad de la mujer, la defensa de sus derechos, etc., no lo hace sino porque ni respeta estos derechos ni considera que la mujer sea un ser humano en el mismo grado y dignidad que lo son los hombres. ¡Ayudemos a esas pobrecitas, que no son nada!

La mujer ha sido siempre, y siempre lo será, la base de la familia que es la célula más importante de la sociedad. Era (es) en la familia donde todos los derechos eran mejor y más respetados y, la madre (el vínculo de unión más fuerte con lo eterno), es su base. Al ir contra la familia el objetivo es la mujer. Al proclamar el matrimonio homosexual se desplaza a la mujer (madre) de esa centralidad de la sociedad y se hace valer cualquier otra cosa. Otra cuestión es la paradoja de que por un lado se proclame la paridad en todos los ámbitos y, en el único lugar en que la ha habido siempre (en el matrimonio) se suprima por una ley en contrario.

El desprecio de la mujer tiene por fuerza que ocurrir en un mundo ya pos cristiano, un mundo neopagano que, como el genuino paganismo anterior al cristianismo, despreciaba profundamente a la mujer.

En subsiguientes post hablaré de cómo es, o ha sido tratada la mujer, en culturas extrañas.

Quizá alguno se aclare.





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