miércoles, 27 de febrero de 2013

A VUELTAS CON LA DESUNIÓN.

La salud del Papa le ha llevado a dar un paso atrás. Hay quien dice que esta renuncia ya la tenía preparada desde que fue elegido Papa en 2005, otros, claro, que el debilitamiento de su salud no le permite llevar a cabo la ardua labor pastoral de intentar paliar, en la medida de lo posible, la división dentro de la Iglesia, la apostasía de que hablaba en el post anterior. Todo eso, desde luego, el Papa ya lo sabía en 2005, y sabía qué es lo que le esperaba, pero probablemente no supiera la extensión de algunas cosas ni si fuerzas personales le iban a responder.

Y es que la Iglesia no es del Papa ni de la curia, sino de Cristo. Pero hay quien se empeña en que eso no es así o no debe ser así y que debe ser el mundo el que marque los derroteros por los que debe caminar el Cielo.

La división, claro, es esa: o la Iglesia de Cristo o la del buen rollito, la de lo políticamente correcto, la de las modas más pasajeras, la de la bendición de la estupidez, la consagración de lo inane y de lo inicuo... Ese es el gran trabajo que le salud de Benedicto XVI no le ha permitido proseguir y que es un trabajo apremiante y muy arduo. Benedicto XVI sabe que no se puede esperar ni un solo minuto ni emplear ni un solo miligramo menos de energía  del que es necesario.

Toda la tradición de la Iglesia, incluidas las aportaciones filosóficas de Juan Pablo II y las teológicas de Benedicto XVI, respaldarán la importante labor del nuevo Papa que no será otra que la de marcar con rotundidad y claridad cuáles son los términos del la Iglesia y del Reino de Cristo.

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