viernes, 22 de febrero de 2013

EL PEOR DE TODOS LOS MALES. LAS DOS IGLESIAS.


Con cierta alarma, y esto sólo era una cuestión de grado, Pablo VI ya dijo en 1.972 que el humo de Satanás había entrado en la Iglesia. Ciertamente, Satanás y sus secuaces, han estado rondando desde el principio y, en algunas ocasiones han sido capaces de causar ciertos estragos. Por tanto, el humo no es nuevo, pero sí mucho más asfixiante que en ocasiones anteriores. Hay quien dice que una de las causas ha sido el Concilio Vaticano II, pero más que nada es que, algunos, lo han tomado como excusa. Basta ver que la cosa no empieza ahora sino que, ahora, estamos en una especie de cruenta batalla final. Esa batalla empezó al principio y modernamente se ha agravado en los dos últimos siglos: como muestra ver cómo casi acaba con Pío IX y cómo la Divina Providencia vino a socorrerle. El Sylabus es muestra bien palpable de ello.

Reina por tanto la confusión, al menos en el fiel de a pie o en el espectador anodino que no se para demasiado a discernir los aspectos más sencillos. En el otro lado, en el lado de la jerarquía y del laico enterado, las cosas están bien claras: Cielo o Infierno, es decir, o el Reinado de Nuestro Señor Jesucristo o el reinado de Satanás, y esta es la realidad, no hay otro debate que no sea una simple ensoñación.  Y lo otro, el otro debate simple resultante del principal, el del laicismo con su ideología naturalista que engloba el marxismo, el liberalismo y sus consecuencias como el socialismo el nazismo, el fascismo… eso sí, todo plagado de ideología infernal, es bastante menos perjudicial quizá por más usual y menos acuciante.

Ya no son las hordas comunistas o nazis las que acosan al Papa o asesinan católicos a mansalva (que también). Ya no es sólo la repugnante ideología progre, zapateril, obamesca, buenista, europeísta y democratizada hasta la náusea la que hace peligrar tantas vidas y haciendas. Lo más grave con mucho, lo más terrorífico para la humanidad entera y su subsistencia es la irrupción de una grave inestabilidad en la Iglesia.

Para quienes no creen (que creen en cosas increíbles) esto carece de importancia. Ellos viven en su mundo poniendo toda su confianza en la ciencia y en la tecnología y contraponiendo éstas, a la fe, como si los que tenemos fe no supiéramos nada de nada y no nos adhiriéramos y amáramos, desde el principio, la Creación entera. En fin, vivirán en babia hasta que vean… porque ahí está el problema: el conflicto que les han forzado a experimentar entre lo que ven y lo que oyen, entre lo que es palpable y lo que les cuentan.

Pero todo esto de la ideología naturalista, modernista, laicista con ser algo muy malo no es tan determinante y pésimo para la Humanidad y la Iglesia. Peor que todas esas lacras infernales que han abrumado y aturdido a la humanidad, infinitamente peor y coronando a todos esos males infernales, está el mal de la apostasía. Y este mal sólo se da dentro de la Iglesia, y el conflicto más atroz que verán los siglos se recrudece por segundos.

Muestras hay muchas y se vienen produciendo desde hace muchos años en el grado actual, algunos ejemplos de hoy mismo: La Conferencia Episcopal de Alemania se deja meter el gol de las píldoras abortivas, el cardenal Karl Lehmann (Maguncia, Presidente de la CEA) parece decantarse por el sacerdocio femenino, lo mismo que una colección de curas vascos, monjas feministas, curas casados, religiosos pedófilos, teólogos que quieren enmendarle la plana a toda la Corte Celestial… y esto todos los días y agravándose.

Es como si la Iglesia no fuera de Cristo sino propiedad de unos cuantos soberbios ensotanados o cristianos de base; como si el mismo Cristo fuera un primitivo poco evolucionado perdido en la noche de los tiempos incapaz de haber escrito para su Iglesia unos estatutos progresistas y modernos plagados de ideología de género, laicistas, en contra de los curas y de su mismísima Madre; un palurdo cavernícola incapaz de haber escrito su parecer para todos los tiempos en un procesador de textos que sirviera para siempre, mediante un sistema operativo actualizado eternamente. Y aun todo esto es demasiado profundo para esos apóstatas, lo peor es que critican a Cristo por no haber cogido el puente aéreo para predicar o el smartphone para comunicarse con su Padre. Dios no puede casi nada, ni hace milagros ni otras cosas que ellos no puedan admitir. Tampoco dijo nada sino lo que ellos están dispuestos a conceder que dijera. No puede ser Dios un tipo que camina sobre las aguas. Pero, ¡hombre!, ¡si no sabe ni nadar!

Todo esto dicen, bien que entre líneas… y, a veces, literal.

PD.- Me vienen efluvios de no sé dónde de que alguien está pensando que el maldito bloguero en su refugio quiere impedir que las piedras se conviertan en pan.

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