lunes, 11 de marzo de 2013

CÓNCLAVE Y PROFECÍAS.

Me hace una gracia tremenda el asunto este de las profecías que te dan el fin del mundo a fecha fija o a papa fijo. Suelo tomarme a cachondeo este tipo de vaticinios, aunque hable de ello, y, si alguna vez lo hago por despiste hay que tomarme tan en serio como yo me tomo las transmisiones de esas profecías. De las otras, de las serias, y hablo del Apocalipsis, de Fátima, de La Salette o de San juan Bosco nunca dan fechas ni siquiera aproximadas, aunque, desde luego, sí hay que hacer caso de Jesús cuando decía aquello --más o menos-- de que cuando veis que estos colores pintan el atardecer sabéis que día hará mañana...

Al mismísimo San Vicente Ferrer, Dios, le dijo que llegaba el fin del mundo, que era inminente, le resucitó incluso un muerto  para que San Vicente creyera. Pero no llegó. Y lo más importante es la respuesta a la pregunta: ¿Por qué no llegó? ¿Tuvieron acaso éxito las predicaciones, oraciones y obras de San Vicente y otros en aquella época? ¿Logrará la postura que nosotros adoptemos alejar la decisión divina?

En cualquier caso, vaya a ser el fin del mundo dentro de un mes o de un milenio, sí parece que el Cónclave que comienza sus trabajos mañana, será largo. Un Cónclave convocado en el Año de la Fe debe dar como resultado un papa del "hágase en mi según Tu palabra", según Su voluntad.

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