sábado, 6 de abril de 2013

ABORTO. REQUIESTCAT IN PACE, ESPAÑA.


Vino Felipe González y optó por la muerte, aunque fuera por piedad, o para reparar violaciones, o para curar por el método naziprogre a los mongoloides, o para que no nacieran pobres, o por si algunos nonatos, revoltosos ellos, iban a volver locas a sus mamás.

Después vino Aznar y vio que todo estaba bien o se hizo el sueco.

Luego vino Zapatero y vio que las que parían no tenían suficientes instrumentos legales para matar y optó por habilitar todos los instrumentos que tenía en sus manos para salvaguardar el sacrosanto derecho a matar. Las suyas se abrazaron como lo hacían las cuidadoras de Auschwitz en época de celebraciones onomásticas.

Ha venido Rajoy y ha optado por no hacerse el sueco, como hizo Aznar, diciendo que va a legislar, aunque ni se sabe cuándo y va a optar por encontrar un hueco imposible entre la vida y la muerte. Para hacer una ley por la vida o por la muerte, según el caso, se tardan aproximadamente veinte segundos. Si se quiere buscar el Paraíso Zombi   se deben buscar, al menos, un par  de buenos guionistas —y eso es complicado—  y caminar por muchos cementerios, lo cual lleva su tiempo.

Alguno pretende engañar a no sé quién: o se vive o se muere, no se puede estar en medio. ¡Ah!, sólo repetir lo de siempre: las que se abrazan, las que han optado por la muerte, no son tan culpables como los que se sientan a ver lo que pasa, y serán juzgadas con menos rigor.

Claro que todo este masonazismo, y diabólico proceder, lleva a no creer en juicios futuros y, por tanto, a haber perdido el juicio en el presente. Pero, ¡como da igual!, ¡como es imposible, científica y cósmicamente, que suceda algo contrario a sus creencias, tan modernas ellas y a la última… pregunta!

Requiescat in pace el millón —o más— de españoles asesinados antes de nacer gracias a leyes inicuas y asimismo lo hagan también los millones que se asesinarán en el futuro por obra de las mismas y sus derivaciones.

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