jueves, 18 de abril de 2013

EL PP Y EL SOCIALISMO.

Es indiscutible que toda Europa Occidental (y muchos otros lugares del mundo) se ha visto arrollada por el pensamiento progre y ha sido sumergida en el socialismo casi por completo. Tanto es así que apenas queda ya nadie que pueda considerarse independiente desde el punto de vista intelectual. Es muy fácil comprobarlo a poco que le hagas a alguien alguna pregunta pegada a lo personal, a lo humano. Y me da igual el partido político.

Dice Vidal Cuadras que el PP se ha transformado en un partido de centro izquierda y, desde luego, puede ser verdad si los parámetros que utilizamos para medir eso son algo variados. Si nos vamos a lo personal, a lo íntimo, a lo constitutivo es más bien un partido en el que cualquier cosa vale, como en la izquierda socialista.

No hay mucha gente de pensamiento original, es decir, que han viajado al origen y vuelven a ver las cosas en el más estricto sentido humano. No hay muchos, desde luego, pero cada vez hay más. Entre los votantes del PP, sin ir más lejos, hay al menos tres millones cabreados en extremo por las maneras del Gobierno del PP frente al aborto, frente a la abolición del matrimonio, frente a la ley del repudio, frente a la memoria histórica de la izquierda, frente a la educación para la ciudadanía, frente a pagar la independencia de cada vez más palurdos, frente al pacto con la ETA...

Hasta las últimas Elecciones Generales no había más alternativa que el PP y, aunque, estos tres millones, no votarán jamás al PSOE por razones evidentes, puede que tampoco voten al PP, puede que se vayan a otro partido pequeño que emerja o, lo más probable, que se queden en casa, con lo que tendremos otros ocho años de madinas y chacones.

Al desastre (aún mayor) que viene sólo le puede poner remedio el PP, aunque a estas alturas, por supuesto va a necesitar pactos. El cómo vayan a ser estos pactos nos dirá cuándo el PP dejará de existir y, probablemente, España. La suerte está echada.

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