lunes, 23 de diciembre de 2013

EL SAGRADO ABORTO: ASESINATO COMO DELITO O ASESINATO COMO DERECHO.

De un tiempo a esta parte, y por malformación mental y política, no todas las leyes--por muy leyes que sean y muy aprobadas que estén-- tienen que ver con la "justicia". Ocurrió con la ley de la Pajín y ocurre con la rectificación de Gallardón. Cierto es que con la de Gallardón sólo hay permiso para matar en algunas ocasiones y no para solucionar problemas; en la mayoría de los casos simples problemillas o simples molestias. Esto último parece que ya no se va a poder hacer.

El meollo de la cuestión, claro, está en el matar y no en cuándo, cómo y por qué matar. Tampoco el hecho de que haya leyes que (¿impidan?) recomienden no matar tanto es para rasgarse las vestiduras por le enorme pérdida de la libertad que supone el no poder matar. Gallardón ha dicho: ¡Que se mate menos! Lo que, a algunos, joroba mucho. En fin, lo estoy viendo hace muchos años, pero hubo momentos en la vida de casi todos que, esto, no podíamos ni imaginarlo, ni siquiera los que, ahora, lo propugnan.

¡Nosotras parimos, nosotras decidimos! ¡Está contra el aborto el que está a favor de la violación! ¡Sacad de nuestros ovarios vuestros rosarios!... Y es que no es posible que sean tan populares las soflamas que justifican el asesinato... ¿será el cerebro reptiliano?, ¿será la afición y la reivindicación del paganismo el zamparse a los hijos como Saturno?, ¿será...

No se me ocurre un lugar donde el aborto sea sagrado a no ser el infierno, ni concibo ser humano que pueda reclamarlo a no ser que el infierno ya esté aquí.

El "bombo es mío", dicen algunos/as, generalmente los mismos que reivindican lo público y denigran lo privado, los mismo que proclaman a todas horas estar contra la pena de muerte... los que gritan y lanzan espeluznos cuando les mandan, los que creen que la calle es suya, los que funcionan a base de consigna, los que dicen aborrecer a Hitler cuando creía que los judíos eran suyos o a Stalin que se creía dueño de los kulaks.

La última que me han dicho (algo muy viejo ya, pero siempre renovado y que es el quid de la cuestión, hasta Pérez-Reverte nombra la memez) es que estoy contra el aborto porque creo en Dios y creo que, el hombre, tiene alma. Es verdad, creo y además tengo certeza de ello.

No puedo imaginar a que especie pertenece el tipo que cree que se puede matar a alguien por el hecho de no creer en el ser humano trascendente o en la existencia de Dios.

Tenga alma o no, el ser humano lo es desde el principio o no lo es nunca y matarlo va contra su dignidad humana y contra la de quien lo mata. Pero, además para mí es pecado matar niños, no sólo un delito. No pido, claro, que se juzgue a los malos cristianos sino a los asesinos.

No sigo, la mayoría de los abortistas no habrán llegado hasta aquí, habrán visto mis rosario en su ovario o habrán gritado contra los violadores y asesinos.

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