jueves, 30 de octubre de 2014

HALLOWEEN + CORRUPCIÓN = PODEMOS... morir



En estos primeros años del nuevo siglo XXI hemos adoptado la fiestecita esta de Halloween que es bastante menos inocente de lo que parece. La presencia —y adoración— del diablo siempre se refugia en lo baladí y, lo baladí, suele ir engordando poco a poco hasta encontrarnos de golpe con Pedro Botero en la vida cotidiana.


La corrupción empieza por el espíritu, pasa de corrida y dejando huella por la mente y se aposenta en los usos y costumbres, es decir, en la moralidad pública.


Una sociedad cada vez más infantilizada cuya filosofía se reduce única y exclusivamente al delirio, exaltación, adoración y éxtasis de la “opción”, no puede acabar de otro modo. Optamos por el sexo que queremos; por las verdades que nos halagan o nos gustan; por la libertad —entendamos ésta como queramos entenderla y que nadie nos chiste—; por la justicia que sea; por lo bueno o lo malo según la rifa de nuestras meninges; por la historia conveniente a nuestros deseos más o menos rastreros… Y, así, cada vez se distinguen menos los niños de los adultos. El progreso, claro, que no puede definirse de otra manera que como la distribución más exquisita y refinada de la necedad.


¿A qué crecer?, dicen los niños. ¿A qué haber crecido?, responden, con lógica, los adultos.  Parece, incluso, tener esto el aspecto de un epidérmico optimismo propio —como ya he dicho— de los defensores del progreso en plan sustituto de la religión. Esto nos lo han imbuido con fuerza, durante dos siglos, el comunismo y, su clónica versión amortiguada o dulcificada, el socialismo.


Nos la están metiendo como se ceba a un ganso y, a nosotros, ni siquiera nos salta ya el resorte del atragantamiento. Nuestra única defensa es ver como algo beneficioso el lavado de cerebro al que estamos siendo sometidos y, claro, tenemos que eliminar, como sea, la opresión y tremenda crueldad de la moralidad.


Nietzsche estaba totalmente convencido de que la democracia embrutecería a los pueblos y que tendría —la democracia— que liquidar la religión y la inteligencia. En cuanto, Hitler, llegó al poder prácticamente se cargó la enseñanza de la religión y se aumentó la enseñanza de gimnasia y deportes. Aún resuena en mi cabeza la frase de ZP y su vicepresidenta de: “Menos religión y más gimnasia” (en los últimos años donde digo ZP también digo Rajoy y su querido "MARCA"). Queda muy claro cómo se nos ha ido preparando todo, cómo, poco a poco, se han ido reinaugurando mataderos.


Desgraciadamente ya podemos asistir a la presencia de varias generaciones ante nosotros que se sienten orgullosas de no saber nada, de no querer aprender nada. Ya se nos están haciendo familiares cierto  tipo de muecas, en plan pose, para espetarnos a bocajarro la “superioridad” del no pensar.


Todas esas pobres gentes “requeteprogresadas”, “darwinizadas” que piensan, absolutamente convencidas, que no importa eliminar a los seres inferiores —aborígenes australianos, pigmeos, judíos, cristianos, nonatos, viejos, víctimas del terrorismo…— porque de todos modos ya los va a eliminar la selección natural; son gentes que no creen en los milagros pero que, no obstante, todos ellos secretamente tienen una fe inquebrantable en algún inconfesable milagrito.


Todo esto ha sido perpetrado por quienes todos sabemos y han utilizado el instrumento camuflado de los intelectuales. Éstos progres —intelectual y progre viene a ser lo mismo— que andan en esa mezcla maloliente de escepticismo y relativismo y, en cuyo mundo semi idiota se crea y se finaliza todo; es más, ni siquiera en su mundo sino en ellos mismos: ¿Será verdad la ley de la gravedad o me estoy engañando? ¿Y la tabla de multiplicar? ¿Eso que trae el día es el Sol o seré yo que me asomo?


Así vive gran parte del mundo, nutriéndose de las memeces de los intelectuales y, por tanto, se hace necesario echar mano de los sabios, como por ejemplo Chesterton, que ante tanta sandez dijo: “El hombre está hecho para dudar de sí mismo, pero no de la verdad”. Claro que si a un intelectual le aprietas un poco es capaz de negar la existencia de la verdad y que cada cual puede caer a 9,8 metros por segundo o a 36 m/s, o que cada cual multiplique como le da la gana y que salga el sol por donde él diga.


Estamos, claro, cada día que pasa mejor preparados para el retorno del despotismo más genuino. Lo tenemos ya servido y garantizado. El exterminio y masacre de las conciencias, su pulverización o molienda y nuestra conformación como títeres encanallados es una pasión totalitaria de muy dificultoso freno y, encima, se nos machaca mil veces al día que esto es un sistema democrático. Los camaradas es que son incansables en sus falsedades e incongruencias.


Los pocos sabios de nuestra época nos hablan y nos recomiendan encarecidamente no caer en el pensamiento único, que no es otra cosa que el piloto automático de nuestras vidas que nos obligan a conectar los diktasts del Estado y los medios de comunicación a su servicio. Los que se resisten o no pueden responder con su “sí Bwana” a estas consignas e imposición de conductas y conciencias, sobran —ya he dicho antes—, son una carga, no son deseados, o no son ganado productivo, o competitivos, o no son una raza seleccionada. Todo esto se adereza con una inocente retórica justificativa que está en la base del “higienismo” de Hitler y que, ahora llamamos “derechos”.


Nuestra única defensa es “pensar” y recabar elementos para poder hacerlo con independencia, porque, pensar, es un acto reaccionario de una maldad cósmica para la tiranía que, aunque nos ha mostrado su carta de presentación hace ya tiempo, es ahora cuando está mostrando  su atroz y descarada amabilidad esclavizante.


Todo esto es lo que hemos logrado en un mundo que hemos fabricado tal y como se nos ha ordenado desde las instancias más malévolas que podamos imaginar: se nos ordenó una ley de plazos y Herodes nos pareció poco sofisticado; vimos la culpa escapando a sus madrigueras y la perseguimos y, al capturarla, la cargamos sobre los hombros de las víctimas; nos soltaron a la carrera la idiotez diciéndonos que era la sabiduría y nos idiotizamos bañándonos en ella; nos imbuyeron con retórica remilgada, amanerada, afectada el amor a la vida —o la opción— al mismo tiempo que se nos decía que la única solución de sus problemas  no era otra que la muerte; nos obligaron a confundir el placer con la felicidad; optamos por la nada y acabamos nadeando.

martes, 28 de octubre de 2014

CORRUPCIÓN... Y LO QUE VA A SALIR.

Decía el Papa Benedicto en su Jesus de Nazareth, concretamente en el capítulo cinco, al hablar del Padrenuestro, que "donde Dios no está no puede haber nada bueno". El PP, está claro,  ha echado literalmente a Dios de las inmediaciones de su acción política, parece molestar mucho cualquier cosa que huela a cristiano. De los demás partidos ya, por supuesto, ni hablar.

Y el vacío no existe, si echamos a Dios, su lugar es automáticamente ocupado... y como esto es así, claro,  lo sabemos poque siempre ha sido así, mi párroco dijo el otro día, el domingo pasado: "lo que está saliendo y lo que va a salir". Es fácil acertar. Chesterton decía que cuando quería enterarse de las noticias del día leía el Apocalipsis.

Está saliendo lo que tiene que salir, en el PP no se enteran de que eso es lo que hay. ¿Será sólo corrupción o acaso es el síntoma de algún final, cambio de ciclo o inauguración de alguna nueva nueva edad de piedra?

martes, 7 de octubre de 2014

ÉBOLA E HISPANIDAD (EL DIARIO).

Ébola. Con ecuanimidad. Probablemente era mejor llevar médicos a África que traer enfermos a España. Pero eso no justifica...

rajoy
El caso de ébola registrado en Madrid ha servido -esto es España- para que la primera petición sea pedir la dimisión de la ministra Ana Mato. Por nosotros encantados. En lugar de defender la vida, esa ministra se ha dedicado a la violencia de género, es decir, a la minoría exagerada de mujeres maltratadas frente a la gran mayoría de mujeres madres y no maltratadas... que sí precisan ayuda.
Además, las peticiones de dimisión son interesadas. Por ejemplo, las de asociaciones de la sanidad pública, que luchan por mantener su puesto de trabajo seguro y poco les importa lo demás.  En cualquier caso, las imágenes pitorreantes que publicamos demuestran que, en efecto, Ana Mato no ha estado muy fina.
Ahora bien, es cierto que entre profesionales sanitarios más ecuánimes, se criticó desde el comienzo el traslado de tres misioneros (dos sacerdotes y una religiosa) a España. No hablo del médico-diputado Gaspar Llamazares a quien lo único que le interesaba era arremeter contra los enfermos por su condición de religiosos.
Ahora bien, es cierto que algunos de los mejores especialistas españoles en virología, mucho más ecuánimes en sus juicios, advirtieron que mejor, aunque más costoso, hubiese sido enviar equipos médicos al Golfo de África que traer a los infectados a España. Sencillamente, el primer ‘protocolo’ de actuación ante una infección contagiosa es actuar sobre el terreno para controlar el virus allá donde ha surgido.
Hispanidad
redaccion@hispanidad.com

lunes, 6 de octubre de 2014

EL MIEDO EN EL ORIGEN.

En el origen de todas las payasadas del PP.

Lo del ébola es otro episodio del miedo del PP. Miedo a qué votarán aquellos que jamás les van a votar.

Importar una plaga es siempre un error, atender a los españoles fuera de España, y cueste los que cueste, siempre es un acierto y un acto patriótico de primer orden.

Intelegencia es hacer lo que hay que hacer, no porque rente electoralmente o no,  sino porque hay que hacerlo, porque es bueno hacerlo, aunque la izquierda, que siempre es carroñera, pueda parecer ganar la partida y así darlo a entender con risa de hiena. Sabemos que la izquierda (la del sistema y la antisistema, que también pertenece al sistema) hubiese rodeado el congreso (por poner) en caso de no haber traído a esos españoles enfermos de ébola como sabemos que, por sus consecuencias, va a hacerlo ahora. Es simple cuestión de tiempo y lo era cuando aquel primer avión despegó de Sierra Leona, Liberia o de donde fuere.

Hay muchos ex-votantes del PP que ya no están dispuestos a refrendar cobardías. Pensar que según sea la actuación (más o menos inteligente, más de regate corto y táctica engañabobos),  ésta  pueda hacer que cualquier sociedad vaya a pasar del grado elemental es de crédulos amigos de Cebrián y compañía.

Todos los sorayos y arriolas dicen que no hay que preocuparse, aunque la plaga ya esté aquí.

Ya estábamos preocupados cuando la plaga aún no había salido de Sierra Leona.

viernes, 3 de octubre de 2014

DIARIO HISPANIDAD.

Juan Manuel de Prada: El “destino natural” de España es la hispanidad, no “la Europa de Bruselas y Estrasburgo”

morir bajo tu cielo
El escritor Juan Manuel de Prada presentó el jueves, en la sede central el Instituto Cervantes, su nueva novela, Morir bajo tu cielo. Una historia que nos lleva a los “últimos de Filipinas”, aquellos españoles que murieron por el ideal hispano, que no sólo fue hispanoamericano, sino también hispanoasiático.  
La Hispanidad no consistió en la conquista de América sino en la evangelización de América y en el mestizaje de españoles e indígenas, por contraposición a la colonización británica, que consistió en el exterminio de los indios y su suplantación por los colonos, raza superior. Y así, hoy, el único país católico de Asia es la Filipinas hispana.
El ex ministro Gallardón, que oficiaba de presentador, me sorprendió con su declaración de que su vocación no era la política, sino la música. Pero no me sorprendió, sino que me asombró, al calificar a De Prada como un “conservador”. Y al calificado también. El escritor católico se defendió: “No puedo aceptarlo. Conservador es Rajoy, quien ha conservado todas las leyes (luego diría pifias) de Zapatero... Yo soy un tradicional porque el pasado es eterno”.
Conservador es Rajoy que conserva todas las leyes de Zapatero. “yo soy tradicional, porque el pasado es eterno”
Y para que quedara claro citó a Jaime Balmes para quien los conservadores son aquellos que “conservaban todos los estropicios anteriores”.
Y cuando el salón de actos del Cervantes se alborotó fue en el momento en el que De Prada culminaba con su declaración más incorrecta: nuestros gobernantesnos echan de comer, como a cerdos en la cochiquera, entretenimientos carnales mientras saquean nuestros bienes materiales y espirituales”.
Y ya puestos a concretar el saqueo, aclaró que el “destino natural” de España es Hispanoamérica y no “la Europa de Bruselas y Estrasburgo”, la misma que forjó la infame leyenda negra.
Oiga, y todo esto no está nada mal. A Prada le perdonan su fe por su innegable talento literario y filosófico. Digamos que la atmósfera cultural dominante se ve obligada a soportarle, aunque trata de reducirle al silencio y de cerrarle todas las puertas que pueden. ¿Se imaginan ustedes a un político -de izquierdas o de derechas que defendiera la ruptura de España con Europa, con la Europa que tanto odia lo español- y la vuelta a ultramar? El lavado de cerebro colectivo que sufrimos los españoles le calificaría de inmediato, no ya como conservador o tradicionalista, sino como un ultra o un fascista. Podemos incluido, que sus amistades venezolanas nada tienen que ver con el espíritu evangelizador de Isabel I de Castilla, aquélla que defendía a los indios por ser hijos de Dios.
La exposición de Juan Manuel de Prada resultó tan valiente como genial. Pero extemporánea. Quiero decir que esa lobotomía perpetrada contra la sociedad española durante los dos últimos siglos provoca que, ahora mismo, los españoles no seamos el ejemplo que fuimos para Hispanoamérica. De hecho, ahora mismo son ellos los que tendrían que evangelizarnos y culturizarnos para que volviéramos al principio primero de la Hispanidad: no importan las naciones, tampoco la humanidad, lo que importa es el hombre redimido. Y esto porque no hay manera de amar a la humanidad, sólo al hombre.
Eulogio López
eulogio@hispanidad.com
 
Todo esto está bastante claro, cuando una Europa, idiotizada y secuestrada, echa al comisario europeo Rocco Butiglione por ser católico no queda más remedio que volver la vista a las esencias, a lo que somos y hemos contruido de verdad. Ciertamente, Europa, tiene sus excepciones, pocas y algunas de ellas contaminadas de barbarie. 
Hace ya muchos años que algunos leemos al Leonardo Castellani y a Julio Menvielle, por poner un par de ejemplos.
Está claro lo que está pasando, lo malo es que la mayoría no tienen mimbres para poder verlo ni para poder tener opinión propia.
Prada, claro, es un bicho raro desde luego, pero no es plastilina moldeable al gusto del dictadorzuelo demócrata de turno, ni transige con la ideología idiota y absolutamente dañina que campa por sus respetos haciendo de la sociedad, que nos ha tocado vivir, un simple deshecho sin más adjetivos.
Saber sólo un poquito, de qué va eso de la Hispanidad asombraría a tantos y de tal modo que uno no puede hacer otra cosa que dolerse por tan malos y eficaces secuestradores de la verdad.