miércoles, 21 de enero de 2015

VIDA Y PERSONAS



Estos imbéciles que a la verdad le llaman extremismo, fundamentalismo, islamofobia o lo que sea y que tacharon a Oriana Fallaci de neonazi o a Ayaan Hirsi Ali de traidora al islam y que por no acatar el islamismo la expulsaron de Holanda. Lo dicho, no podemos ser más idiotas.

Algunas cosas parecen no ser muy fáciles de entender partiendo de la base de que las personas son sagradas, no así, desde luego, las ideas.

Por lo tanto es sagrado un musulmán e incluso, aunque a tantos les pueda parecer antidemocrático y demodé, un católico. También lo son los que profesan otras religiones: budistas, marxistas ateos, liberales, masones, confucianos, hindúes, hare Krisna, ateos a secas, animistas, judíos, taoístas y demás vulgaridades. De todas formas, cualquiera, puede exponer sus ideas e incluso sus evacuaciones circunvolutivas llenas de ignorancia supina y publicarlas a los cuatro vientos.

Desde luego que hay que empezar por distinguir las tácticas de las estrategias, confiriéndole a "estrategia" el significado de algo más profundo o de fondo que el regate a corto plazo. Digamos que las tácticas serían pequeñas partes de la batalla y que la estrategia sería la batalla entera o la suma de todas sus tácticas y la habilidad de ponerlas en el orden correcto.

El terrorismo, por ejemplo, no siempre es violencia, aunque utiliza la violencia si la ve necesaria para la consecución de unos fines. Por ejemplo, ETA, Terra Lluire, y otros terrorismos menores, en Galicia o Canarias, persiguen exactamente lo mismo que los nacionalismos de esos terruños utilizando (cuando lo hacen) la violencia con los mismos fines que quienes alimentan la "ideíca" tremenda. El nacionalismo sería, así, la estrategia de fondo, el plan global y, el terror, la táctica (violencia temporal) basada en los mismos fines perseguidos por ese nacionalismo. Hay que aclarar, aquí, que la violencia no siempre se compone de tiros y bombas. Pasa exactamente lo mismo con el islamismo y el islam. Por supuesto que a la inmensa mayoría de los musulmanes no les dá por matar a dibujantes o estrellarse contra las Torres Gemelas, pero, en caso de hacerlo, están perfectamente justificados por el Corán y van al cielo donde les esperan frondosos jardines y huríes de eterna virginidad autorregenerativa.

Cuando en el catolicismo te sale un radical, un fundamentalista, es cuando aparece un San Pío de Pietrelcina o una Teresa de Calcuta. Y así, Teresa de Calcuta es una santa y no lo sería si le hubiera dado por practicar abortos... El evangelio sólo justifica dar la vida por los demás, poner la otra mejilla, amar a los enemigos. En fin, esta última cosa, es bastante difícil de llevar a cabo porque los enemigos, que provienen de todos los lados, cada vez son más. No nos pilla de sorpresa, así estaba dicho.

Queda, pues, meridianamente claro, que quien mata en nombre de todas esas religiones nombradas más arriba, lo hace por unos fines sacralizados en historietas y manuales de esas mismas religiones. Quien mata en nombre de Cristo lo hace contraviniendo sus mandamientos, palabras y hechos y, aparte de la condena mediante el código penal, merece la condena eterna.

Todo esto se puede ver de otra manera siempre y cuando se comparta con “esas formas” la maldad, la ignorancia y la mentira.

Hay quien dice que todo esto son historietas de viejas o que el diablo murió no sé bien en qué siglo. No tengo ni idea de cómo y cuándo han descubierto esta cosa, pero cosas aún más raras que estas estamos oyendo, a pesar de lo que cualquiera puede ver.

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