viernes, 24 de abril de 2015

ESCONDER A DIOS. RESUCIFICADOS Y OTRAS CHANFAINAS.

Todo el mundo coincide en que las cosas están muy mal. Pero están peor, tanto que, a veces, da la impresión de que el descosido es demasiado grande como para conservar la esperanza de que la cosa pueda tener arreglo. Parece que los únicos que son capaces de tener algo claro en la cabeza son los islamistas o los de Podemos. Todos lo demás parecen andar por los pagos de la duda, entre nieblas mentales y enturbiamientos del alma.

Mañana de domingo, mañana de periódicos, dominicales y hojitas parroquiales. Y leo que Ayaan Hirsi Ali va a publicar un nuevo libro que puede que sea interesante. Los tres libros anteriores los leí en su momento. Me parece una heroína que ha logrado huir del islam (no del ISIS) y que permanece escoltada y escondida. Fue diputada en Holanda, pero, el mundo Occidental (que ya no lo es), le ha dado la espalda por cobardía y por ignorancia. Cierto que Ayaan es de las que piensa que la alternativa al islam son las memeces de lo progre, del ateísmo y de todo tipo de atrocidades que van logrando que la civilización deje de ser civilización. Quiere, Ayaan, para que el islam sea algo en cierto modo manejable y correcto, que este haga el mismo camino de modernización que el cristianismo, es decir, que el islam necesita una especie de Revolución Francesa y la rematadera de un Vaticano II.

No voy a profundizar ni intentar destruir las mentiras que todo el mundo cree que son verdad (políticos, catedráticos, curas, obispos, periodistas…), ni le voy a enmendar la plana a esos historiadores obligatorios en todas las universidades de Occidente  como Jacques Le Goff (el único historiador al que le he leído diez mentiras en cinco líneas), mientras se mantiene el veto a los más grandes como Jacques Bainville, por no hablar nada más que de franceses.

Si bien es cierto que, al menos, desde el siglo XIV, los ataques del diablo contra la Iglesia han sido constantes y cada vez más fuertes y que, sobre todo desde entonces, se ha visto trufada de la apostasía del modernismo, o naturalismo, o como se quiera llamar (aunque no es otra cosa que el resumen de todas las herejías ocurridas en los últimos dos mil años y el fruto del que se han extraído las herejías modernas marxistas, nazis, fascistas…) y que parece asunto complicado aunque es bien sencillo.

Primero decirle a Ayaan que las religiones no tienen nada que ver las unas con las otras. Segundo: que el Islam es el abuelo del socialismo. Tercero: que el Islam no es otra cosa que producto de la judaización de las tribus sarracenas del desierto. Cuarto: que si hay algo parecido al islam, y como la otra cara de la misma moneda, no es otra cosa que el ateísmo y el progresismo. Quinto: que es obra diabólica y de sus secuaces el pintar la Edad Media como una de las épocas más terribles de la humanidad, cuando es, precisamente, todo lo contrario.

Las atrocidades (todas tienen la misma inspiración), para desarrollarse y campar a sus anchas tienen que combatir al único estorbo, al único dique capaz de contenerlas: Cristo. Y se le combate desde todos los ámbitos: modernismo, marxismo, liberalismo, capitalismo, ateísmo, judaísmo, islam, masonería, satanismo… Sólo un aturullado seudointelectualismo, que no ha conseguido salir de la ignorancia más apabullante, es susceptible de ser engañado. Algunos deberían preguntarse por qué en la revolución soviética de 1917 los cuadros más importantes del régimen eran judíos; por qué Hitler era íntimo amigo del gran Muftí de Jerusalén, tío de Yaser Arafat; por qué el fundador del partido nazi inglés era del partido Laborista (socialista); por qué el fundador del fascismo (Benito Mussolini) era el número tres del Partido Socialista Italiano y lució siempre en su cuello un medallón de Carlos Marx; por qué Vichy (régimen francés de apoyo a Hitler) estaba trufado de socialistas, por ejemplo François Mitterrand… en fin, todas las preguntas tienen la misma respuesta, incluso aquella última pregunta de por qué la iglesia de Cristo (y esto creo que es lo más grave) está, en su jerarquía, trufada de enemigos de Cristo.

Tomo la hojita Parroquial (de hace dos semanas) y leo en su primera página un texto sobre la fiesta de la Divina Misericordia y pienso en que puede que sea una de las últimas oportunidades que nos están dando; nuestro Obispo habla después del año santo de la Divina Misericordia y dice que “la invitación papal para la celebración del Jubileo de la Misericordia coincide asimismo con el 50º aniversario de la terminación del Concilio Vaticano II, el acontecimiento eclesial más importante de los últimos tiempos y que ha supuesto un impulso vigoroso para la acción del Espíritu Santo en su Iglesia”.

La verdad es que en todo tiene razón el señor Obispo y en primer lugar decir que, el Espíritu Santo, vigiló bien de cerca para que aquello del Concilio no se desmadrara, que lo convirtió (a Dios gracias) en un concilio pastoral y no dogmático, que veló para que no se incluyera ningún texto abiertamente herético, aunque el diablo trabajó con ahínco y con la ayuda de muchos peritos (y casi todos los obispos de Rin) para sembrar el concilio susodicho de venenos y explosivos que han ido estallando poco a poco después.

Sigo con la hojita y veo (no leo) no sé qué de la Plataforma del Tercer Sector. Cierro la hojita rápidamente con cierto terror. En la última cara un texto sobre educación y que al ver la firma (Juan A. Gómez Trinidad) leo con gusto y provecho.

Me hice con la hojita en la parroquia del Carmen de Logroño, una parroquia fruto del concilio. Los sermones que oigo allí tienen el mismo interés que si no los oyera y me acuerdo de Chesterton cuando decía que si hay curas capaces de decir sermones tan malos y la Iglesia aún subsiste es porque tiene que ser la verdadera. De esos sermones da la impresión de que Cristo nada tiene que ver con nada, parecen darle la razón a los ateos y demás. Las virtudes teologales han desaparecido de esos sermones, sobre todo la Esperanza. Todos son símbolos y cosas lejanas, nada tiene una explicación filosófica y, mucho menos, teológica. Todos tenemos que ser unos cursis buenecitos porque sí, llenos de cumbayás y de insignificancias.


La iglesia en sí no anima mucho, es como un teatro. Sólo un cristo sufriente y clásico está escondido el final de la iglesia en un hueco. Lo demás son sobras progres. Preside un resucificado del que no haré crítica artística alguna, el propio resucificado no me deja y el Dios real, el Cristo presente que se haya en el Sagrario, ha sido escondido en un muro lateral tras el reborde de una columna para que nadie lo vea y se escandalice. Tremendo. Tiene razón el Obispo, gracias al Espíritu Santo aún hay algo de Fe y Esperanza. La Caridad se ha convertido en la tentación de “sólo de pan vive el hombre”.