lunes, 4 de mayo de 2015

SOBRANTES, MUERTOS A LA INTEMPERIE Y LA HOAC.

Dice mi admirado de la Cigoña que la HOAC (Hermandad Obrera de Acción Católica) son tres gatos que siguen por ahí dando la lata y añade que “el oscurantismo en la Iglesia alcanza límites verdaderamente inimaginables. Los religiosos ocultan su número cada vez más exiguo, las diócesis, los curas impresentables, la Iglesia en general a los herejes que anidan en su seno… Pero hoy ya nada es oculto. Todo aparece antes o después. Y se tienen que dar cuenta de una vez de esa realidad. Magnificar la nada sólo sirve para acreditar el ridículo de los magnificantes. Y perder el tiempo en eso acredita como poco estupidez”. Termina diciendo que “si no se debe elevar la anécdota a categoría, la nada tampoco. Y nos están vendiendo la HOAC como algo muy importante en la Iglesia cuando hoy no pasa de nimiedad. Es una obra de misericordia enterrar a los muertos. Y a ese cadáver no lo resucita nadie.

Puedo entender la decepción de los que han consagrado a la HOAC ilusiones hoy marchitas. Pero han sido estériles y no han sabido enganchar a nadie en sus ya ajadísimas banderas. Contra Franco se vivía mejor. Pero Franco también es ya un cadáver”.

La HOAC es como la punta de lanza de muchas organizaciones eclesiales en las que anidan herejías sin cuento, heresiarcas que, si no llegan a serlo, es porque no tienen ni categoría intelectual ni liderazgo espiritual alguno.

La Iglesia (Obispos, pero también los demás) debería andarse con mucho cuidado del uso que se hace de algunas pastorales que si bien, en ocasiones, no contravienen la doctrina de Jesucristo y el Magisterio, sÍ son tomadas como si fueran verdaderos mandamientos del príncipe de este mundo, porque, quizá (apunto sin querer ser categórico), no sean absolutamente católicas. La pastoral contra la doctrina, porque los herejes saben muy bien cuál es la doctrina que hay que combatir, aunque no tengan ni idea de cómo se articula eso en un discurso mínimamente decente. Hay que darle en la cabeza a Jesucristo con el pequeño jesucristito de cada cual, que no es otro que el innombrable. Si el mundo no tiene apenas noticias de esta enorme batalla es porque no sabe lo que le va en ella. Si muchos católicos leen esto y esbozan una sonrisa les correrá el pelo que ya les está corriendo. No tienen ni idea de qué tienen que defenderse. Carne de cañón. Allá cada cual.

Por fortuna la Iglesia es de Cristo y no del Papa o de los Obispos… No hay quien pueda cambiar la doctrina a no ser que lo haga Jesucristo. Hace poco leía una memez que había dicho un cura (un cura progre, claro) en el sentido de que había que cambiar la doctrina porque era del siglo XII ó XIII. No sé de qué seminario ha podido salir ese cura, porque todo el mundo sabe que la doctrina es del siglo I (y de todos los siglos). A veces debemos padecer a algunos de estos sabios que afirman, sabiéndolo o sin saber, que Cristo ya no pinta nada en ninguna parte.

Leo, en este sentido, la hojita parroquial “Pueblo de Dios” (Nº 273, 26 de abril de 2015). Cierra la hojita un artículo de una militante de la HOAC que va sobre las próximas elecciones. En ella hay afirmaciones como estas: “un aspecto fundamental es tener en cuenta que el sujeto de todo proceso electoral es el pueblo, y no los Partidos políticos o sus líderes. Así, pues, el pueblo soberano es el que expresa su soberanía eligiendo a sus representantes”. “Según nuestro criterio, la persona, la familia, el trabajo, la ética, son cuatro valores fundamentales que orientan todo lo demás. De los cuatro valores el más importante es la ética, porque es la que da contenido e identidad a las otras tres y la única que puede evitar su manipulación”. “Metidos en la vorágine de las próximas elecciones municipales y autonómicas no debemos tolerar y muchísimo menos apoyar políticas que hagan caer sobre las espaldas de los trabajadores las decisiones irresponsables de los gobiernos, como tampoco debemos apoyar políticas que aumenten las desigualdades o recortes y que condenan a personas o familias enteras a una pobreza indignante, a la miseria y al hambre, como así está sucediendo”.

En fin, no quiero alargarme, por ello sólo diré que esto no es otra cosa que el típico compendio de consignas adolescentes de partido progre e inmaduro que se repite hasta la saciedad desde hace siglo y medio. No voy a cansarme en refutar idioteces que a ellos no se lo parecen.

Lo que sí es tremendo es el compendio de herejías y afirmaciones anticatólicas de una militante de una organización (HOAC), en teoría, católica. Alguien que ya sólo cree en la neodemoreligión no puede ser una militante católica, porque para un católico de verdad no hay otra soberanía, otra reyecía que la de Nuestro Señor Jesucristo. Debería leer la “Quas primas”, aunque sabemos que no va a caer esa breva, por tanto no voy a explayarme.

Tras principiar con una herejía prosigue con una serie de contradicciones que debería hacerse mirar. Dice que es más importante la ética que la persona, la familia y el trabajo. No sé qué ética es esa, pero la imagino. Debe de ser para disimular que lo que realmente le importa es el sindicato y la ideología, es decir, la praxis y la ética (esa ética). Para mear y no echar gota (¡católica!, ¡de la HOAC!) y debe de pensar esta señora que el catolicismo es “la religión del libro”, como dicen algunos analfabetos. Por eso pone la ética como compendio de mandamientos abstrusos y modernos. No se ha enterado esta señora o señorita que el catolicismo no es la religión de ningún libro, por muy bonito que sea, que es la religión de una Persona, ni más ni menos que Jesucristo. 

Hay determinadas éticas que tienen su origen en Pelagio o en Rousseau. Éste amaba casi infinitamente a la sociedad, pero profesaba un odio africano a todos y cada uno de los seres que componían esa sociedad. La ética es la misma.

¿No debería alguien cuidar de que en una hojita parroquial no se escribieran tonterías (no quiero decir insultos) como estas? En fin, no se prohíbe predicarlas así es que…

Esta afectada señora no tiene ni idea de que todo el mundo sabe que el capitalismo no es perfecto, que hace milenios que se nos manda no robar, no codiciar los bienes ajenos… que se nos pide (no se nos ordena): “anda, vende todo lo que tienes, dáselo a los pobres y sígueme”. ¿A quién quiere esta señora afearle la conducta?, ¿quizá a un padre de familia que las pasa canutas para dar de comer a su prole?

Siempre ocurre que cuando se antepone la igualdad a la justicia surge la mentira y desaparece la libertad. En ello estamos. Respecto de lo otro, si la señora quiere máximas, aquí tiene una de W. Churchil: “El vicio inherente al capitalismo es el reparto desigual de las bendiciones. La virtud inherente del socialismo es el reparto equitativo de las miserias”. Pero es preferible cualquier ideología facilona para zafarse del mandato divino de pensar.Ya sé que da igual predicar en el desierto de la ignorancia y de la ideología del que Cristo ha sido desterrado con cajas destempladas y que por eso es tal desierto. 

En el otoño tendremos la prueba del algodón de todo esto. El Sínodo de la Familia es esa prueba. La gravísima división que existe desde hace cincuenta años en la Iglesia (desde el Vaticano II) más soterrada a veces, más viva en estos momentos se debe a la esperanza de satán de por fin acabar con todo. Depende de cómo salgan las cosas, esa división, persistirá y, quizá, se diluirá con los años o los siglos, o se irá a un cisma abierto. El peligro es evidente. Es el humo de satanás que ha entrado en la Iglesia tal y como (con dolor y alarma grave) nos dijo Pablo VI.

Alguien dirá que soy apocalíptico. Tiene razón, soy católico así es que soy apocalíptico, si no lo fuera no podría ser católico. Para rematar diré que León XIII fue testigo de cómo Satanás pedía permiso a Dios para ser soltado y hacer de las suyas durante unos cien años. Miremos todo lo que ha ocurrido desde León XIII y veamos en qué momento estamos parados.

Crisis total, desde luego. Quien algo ha leído, quien mantiene su sentido común sabe dónde está lo que hay que ver, saber y temer. Otros ajenos a todo esto viven en la felicidad de lo que tienen cuando lo tienen, e infinidad de católicos cantan y bailan a ritmo de cumbayás y hablan de carismas y muy poco de Fe, Esperanza y Caridad.

—“Y tú qué carisma tienes?
Yo me quedé un poco parado, pero el que estaba a mi lado respondió:
—¿No sé qué dices, chica! ¡Yo soy Tauro!