martes, 10 de noviembre de 2015

¡CÓMO SE CUELA EL MAL!

Se nota todos los días, cada vez más y con menos sentido. 

Hay gente que es mala, sin duda, y con una maldad que no necesitan para nada a Satanás. Pero la mayor parte de las veces es Satanás el que se cuela en nuestras vidas, en nuestro pensamiento, en nuestras reuniones, en nuestras decisiones, en nuestros comportamientos... no somos conscientes de ello en muchas ocasiones y se ve, a poco que nos paremos a pensar, cómo nos ha utilizado, cómo nos ha manipulado, cómo nos ha hecho decir o hacer aquello que no queríamos

A la Beata Emmerik --y a otros muchos santos y videntes-- le dijo Dios que desataría del infierno a todos los demonios unos cincuenta o sesenta años antes del año 2000 --era el siglo XIX y, por supuesto, ahora, es evidente--, poco después el Papa León XIII tuvo una visión terrorífica de eso e inmediatamente compuso una oración al arcángel San Miguel  y ordenó que se rezara siempre al final de la Misa.

Algunos no creen en nada, pero su experiencia del mal es exactamente la misma que la de los creyentes.

No, no somos buenos y serlo no es ningún instinto humano, no es ningún acto reflejo, sino un gran trabajo a realizar. Dejarse llevar por los instintos o por el odio es estar en manos de "Manazas".

Hace unos días ha terminado en Roma un sínodo sobre la familia que pretendía cambiar la doctrina. Al final parece que no ha cambiado, cambiando o sólo ha terminado el primer paso de un proceso atroz. Los obispos católicos se han prestado a ello y lo han hecho con la buena intención de preservar la doctrina de Nuestro Señor Jesucristo frente a los obispos modernistas y apóstatas --valga la redundancia.

No entiendo cómo se puede llegar a votar la Palabra de Dios. No entiendo que eso ocurra en el Vaticano, pero es cierto que Pablo VI habló de que el humo de Satanás había penetrado en el Vaticano. Él fue agente de ello y también víctima.